2020 Sacando la voz

COVID-19 como acelerador de la descentralización

Por Nicolás Chacón, cofundador de Neat

Desde hace 10 años que vivo en Santiago. Fue una decisión obligada, pues hice mis estudios universitarios en esta ciudad. Como yo, son muchas las personas que vienen a la capital en búsqueda de oportunidades laborales, estudios o por mejores tratamientos de salud.

Desde muy chico me acostumbré a esta dinámica, siempre teníamos que viajar a comprar cosas que sólo aquí se encontraban, a tratarse con especialistas que sólo acá ejercían y, luego de adolescente, a ver conciertos que sólo acá se realizaban.

Centralismo que se arrastra desde la época colonial y que ha convertido a Santiago en la ciudad que capitaliza las decisiones políticas y la concentración económica de Chile. Situación que explicaría que más del 40% de los chilenos (más de 7 millones de personas) vivan en la segunda región con la menor superficie del país.

Soy de San Felipe, apacible ciudad de la quinta región con cerca de 60 mil habitantes, a la que he vuelto a vivir luego de que declararan cuarentena en la comuna donde actualmente resido.

He pasado un mes trabajando desde acá y no he tenido mayores complicaciones. Muchas de las reuniones que antes tenía de manera física, las he realizado de manera digital. Como equipo nos hemos organizado y hemos sacado adelante nuestras tareas, casi tal cual como lo hacíamos en nuestra oficina. Si necesito algo, lo compro on-line. Se demora, pero llega. 

Antes del COVID-19, probablemente nunca nos hubiésemos planteado trabajar de manera remota, modalidad a la que no todos pueden optar, pero que genera múltiples beneficios y le da un respiro a la congestionada capital.

Gracias al teletrabajo se evitan millones desplazamientos diarios, lo que de seguro mejora la calidad de vida de las personas. Si pensamos en que este escenario -del trabajo remoto- sea adoptado de forma permanente o con mayor frecuencia, seguramente muchos serían los que optarían por vivir en lugares más amplios, económicos y tranquilos. De hecho, es algo que yo mismo me he cuestionado, ¿por qué volver a Santiago?

La llegada del coronavirus nos obligó a cambiar nuestra forma de vida y quizás esto también signifique una oportunidad para avanzar hacia la descentralización.

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