2016 Sacando la voz

¿Puede el sol dar nueva vida a las botellas PET?. Por Matthew McClymont y Tom Sarrazin @GrupoBID_CII

botellas-colores-1024x678Las botellas PET tardan 450 años en descomponerse. La necesidad de reciclarlas genera fuertes oportunidades de negocio.

Esta columna fue originalmente publicada en el blog Negocios Sostenibles del Banco Interamericano de Desarrollo BID.

Nathaniel Wyeth debe de ser uno de los inventores más exitosos y menos conocidos de todos los tiempos. Cuando el ingeniero estadounidense desarrolló una botella hecha de tereftalato de polietileno en los años 70, el mundo todavía compraba sus bebidas en envases de vidrio. Eso cambió terminantemente, y el invento que se llegó a conocer por sus siglas en inglés – PET – se convirtió en el envase predilecto de las embotelladoras del mundo entero.

El auge de las botellas de plástico no solo revolucionó la industria de bebidas, sino que también arrojó la pregunta de qué hacer con ellas una vez usadas. Cuando se descartan en vertederos públicos, las botellas PET tardan un mínimo de 450 años en descomponerse, razón por la cual es fundamental someterlas a un proceso de reciclaje.

En países como Estados Unidos se estima que menos de un tercio de las botellas PET alcanzan ese destino. En Honduras, en cambio, es alrededor del 84% según George Gatlin, dueño de una de las empresas recicladoras en el noroeste hondureño que aprovecharon el reciclaje como oportunidad de negocio.

Hacer algo de nada

Cuando Gatlin fundó Invema en 1994, el reciclaje era un concepto bastante nuevo en Honduras, tanto así que era difícil juntar suficientes materiales reciclables para llenar un camión. En la actualidad, Invema recolecta alrededor de un millón de botellas de plástico al día. A eso se suman desechos de aluminio, chatarra de acero, cartón y cualquier cosa que pueda convertirse en algo más. Cada mes la empresa exporta 500 contenedores con reciclables comprimidos o procesados que se transforman en nuevos productos a manos de fabricantes en China, Europa y otras partes del mundo.

Para llegar hasta allí, los desechos recolectados por Invema pasan por un proceso complejo de revalorización. Las botellas PET, por ejemplo, se muelen, se lavan y se convierten en pequeños pellets que se exportan y se usan en la producción de nuevas botellas. Es un proceso que requiere mucha energía eléctrica y a medida que la empresa creció, aumentaron sus gastos de electricidad. En 2014, la cuenta de luz alcanzaba unos US$90.000 dólares al mes.

Los paneles en los techos de Invema generan energía solar y cubren hasta un 30% de su consumo de energía eléctrica.

Los paneles en los techos de Invema generan energía solar y cubren hasta un 30% de su consumo de energía eléctrica.

Gatlin empezó a buscar maneras de bajar ese costo. Recurrió al Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para realizar una auditoría energética y volver su empresa más eficiente. Entre otras cosas, se cambiaron las luces de gran parte de las instalaciones de Invema. El resultado más importante de la auditoría, sin embargo, vino de un estudio de viabilidad donde se analizó el potencial de Invema de autoabastecerse de energía solar.

Si el precio de energía era alto, ¿por qué no aprovechar la luz de día para bajar los costos?

Los estudios indicaban que los techos de los galpones de Invema contaban con la superficie ideal para la captación de energía solar. Con los 3.600 paneles que cabían en sus 6.000 metros cuadrados, Invema podía cubrir hasta un 30% de su consumo de energía eléctrica. Además de ahorrar gastos y generar energía verde durante horas pico, el sistema solar de Invema disminuye la carga sobre la red eléctrica nacional.

El financiamiento para las obras necesarias vino del brazo privado del BID, recientemente restructurado bajo la Corporación Interamericana de Inversiones (CII). La multilateral apoya proyectos amigables con el clima con un alto potencial para ser reproducidos. En el caso de Invema, se alió a socios como el Fondo Climático Canadiense y el Fondo Nórdico de Desarrollo para realizar el proyecto.

La energía solar – una decisión de negocios

Para George Gatlin, armar su propia planta solar fue una decisión de negocios. Con lo que Invema se ahorrará en gastos de energía, será capaz de repagar el préstamo en tan sólo cinco años. Una vez saldada la deuda, las placas generarán ahorro puro para el empresario. Además de bajar los costos operativos, los paneles ayudarán a evitar más de 23.000 toneladas de CO2 en los próximos 25 años, un valor equivalente a lo que emiten 4.800 automóviles en un año.

La ambición de Invema no termina allí. Para completar el ciclo de vida de las botellas PET, la empresa ahora quiere armar su propia línea de producción de botellas. La idea es usar los propios pellets obtenidos del proceso de reciclaje y producir nuevas botellas.

Dado el éxito de la botella PET desde que salió del laboratorio de Nathaniel Wyeth, no cabe duda de que, para Invema, es una inversión en el futuro.

 

Matthew McClymont
Matthew McClymont

Matthew McClymont es Oficial de Inversiones en la Corporación Interamericana de Inversiones (CII). Su trabajo se centra en el financiamiento de proyectos innovadores de eficiencia energética y proyectos de autoabastecimiento energético a partir de fuentes renovables para empresas de toda América Latina. Anteriormente, Matthew pasó más de 10 años trabajando en finanzas corporativas y desarrollo de negocios a lo largo del continente americano. Matthew tiene una Maestría en Economía Internacional de la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados de la Universidad Johns Hopkins y un grado de Licenciatura en Finanzas de la Universidad de Nebraska.

Tom Sarrazin
Tom Sarrazin

Tom Sarrazin es consultor de comunicación en la CII, donde sus responsabilidades abarcan desde las redes sociales y la narración hasta los mensajes audiovisuales, la estrategia de marca y las publicaciones. Antes de incorporarse a la CII en 2012, trabajó en la Oficina de Relaciones Externas del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y en el programa de desarrollo de medios de comunicación africanos de la Fundación Friedrich Ebert en Namibia. Ha estudiado en universidades de todo el mundo, como las de Valladolid (España), Stellenbosch (Sudáfrica) y Pune (India). Tiene una maestría en Comunicación de la universidad de Leipzig (Alemania) y habla con fluidez inglés, alemán, portugués y español.