La magnitud de la catástrofe es inconmensurable. Con estupor, vemos en el mundo, ciudades vacías, pueblos desiertos, personal de salud más allá de sus límites, lugares públicos transformados en hospitales para preparar la llegada de los contagiados, como en la peor película de ficción que hubiéramos podido imaginar.
A raíz de la pandemia actual, hemos visto cómo han surgido excelentes e innovadoras iniciativas para apoyar los aprendizajes de los niños, niñas y jóvenes en el hogar.
La presente conmemoración del Día de las Regiones ocurre en medio de lo que es -sin ninguna duda- el mayor desafío que hemos enfrentado en los últimos decenios, como sociedad.
La coyuntura sanitaria mundial está impactando múltiples áreas de nuestras vidas. Dado que vamos a enfrentar un mundo laboral, político y económico cada vez más cambiante e incierto, las instituciones educacionales como la nuestra tenemos el rol (y el deber) de estar a la vanguardia, adaptarnos y estar en constante búsqueda de la mejora continua de nuestros programas para prestar oportunidades educacionales contextualizadas.
Estas semanas se han reportado en varias ciudades del mundo situaciones vinculadas a un mejoramiento del medio ambiente y la disminución de contaminantes en los recursos naturales a propósito de las cuarentenas obligadas por el Covid 19 en el planeta.
A través de “Conciencia Celeste”, apostamos por ser un motor de cambio capaz de movilizar a distintos grupos de interés en el logro de soluciones ágiles pero no por eso cosméticas, sino que profundas y definitivas.
En la actualidad, una de las mayores huellas que deja una compañía es el impacto que ésta produce en su entorno. Es por ello que, hoy en día, existe la necesidad de generar empresas responsables que sean sostenibles en el tiempo.
Desde el confinamiento al que me tienen sometido en Barcelona, quería compartir con ustedes algunos pensamientos y vivencias que me acompañan estos días, con el ánimo de que les puedan ser de utilidad.
Enfrentamos un panorama a nivel internacional pocas veces visto y que ha obligado a gobiernos, empresas y, en general, a la sociedad en su conjunto a tomar medidas urgentes para evitar la propagación de un virus que ha colapsado los sistemas de salud de los países más desarrollados del mundo: el COVID-19.
Estamos viviendo un momento histórico. Estamos presenciando el reseteo completo de la sociedad en la que nacimos y en la cual vivimos. Aunque no tengo dudas de que el antídoto al Coronavirus lo encontraremos en pocos meses, tampoco tengo dudas de que su impacto tendrá consecuencias permanentes en nuestra sociedad.