En la segunda Fiesta del Día de los Cerros, en Recoleta, organizaciones sociales, la municipalidad y el Parque Metropolitano firmaron un acuerdo de la Mesa Entre Cerros para mejorar la conectividad, recuperación y puesta en valor de estos espacios. La jornada reunió a familias en torno a ciencia, arte y naturaleza.
Santiago está rodeado de cordones montañosos y tiene 26 cerros isla en su interior. Uno de ellos, el Cerro Blanco, en Recoleta, fue este fin de semana el escenario de la segunda versión de la Fiesta del Día de los Cerros, que convocó a niños, niñas y familias en una jornada al aire libre.
Durante la celebración, organizada por distintas instituciones públicas y privadas, se firmó un acuerdo de la Mesa Entre Cerros, instancia que busca acercar a las comunidades a la naturaleza de los cerros isla. Uno de sus focos es lograr una recuperación más profunda del Cerro Blanco.
La mesa reúne a la Fundación Mustakis, la Municipalidad de Recoleta, el Parque Metropolitano, Corporación Ciudades, la Fundación Cerros Isla, Huella Local, Zoma Regeneración Urbana y el Centro Nacional de Conservación y Restauración.
“Los cerros son refugios climáticos, un lugar para actividades de las personas, puntos de exploración, y creemos que con trabajo colaborativo podemos cuidarlos mejor. Además, vivimos un cambio climático que nos hace repensar dónde poner los esfuerzos para tener ciudades más resilientes”, explicó Domingo Errázuriz, director ejecutivo de Fundación Mustakis.
Pulmones verdes a la mano
“Somos un país de cerros”, afirmó Fernanda Ruiz, directora ejecutiva de la Fundación Cerros Isla. “Celebramos el Día de los Cerros para que la gente pueda ir, subirlos, conocerlos, pero sobre todo para que entienda su valor y puedan cuidar estos ecosistemas que muchas veces son muy frágiles”, agregó.
Devaky del Río, encargada de la red de parques urbanos del Parque Metropolitano, destacó que los cerros isla “mantienen la biodiversidad de la ciudad” y son lugares de fácil acceso. Para Daniela Muñoz, directora de Zoma Regeneración Urbana, el Cerro Blanco es “un punto de regeneración territorial para el barrio”.
Ciencia, arte y baile
La jornada incluyó recorridos guiados, talleres medioambientales, de pintura y textiles, módulos interactivos del MIM, actividades con sensores musicales y juegos infantiles. También hubo presentaciones y talleres de cueca, marinera, tobas, caporales y bailes andino-aymaras.
Uno de los momentos destacados fue el “despertar” de una escultura de picaflor, creada por Zoma Regeneración Urbana y el Colectivo Cian mediante un proceso participativo con la comunidad, acompañada de un pasacalle de personajes inspirados en la fauna. A ella se sumó otra escultura aportada por Daphne Annastassiou, vicepresidenta de la Fundación Mustakis.

