El proyecto “Jugar Juntos” se implementa hasta enero de 2027 en establecimientos de tres Servicios Locales de Educación Pública de la Región Metropolitana y La Araucanía. Usa estrategias breves, basadas en un método de la Universidad de Harvard, que los docentes incorporan en la rutina diaria.
Una dinámica de pocos minutos al inicio de una clase, durante un cambio de actividad o en el recreo. Esa es la apuesta de “Jugar Juntos”, el proyecto con que UNICEF Chile y Fundación Kiri buscan fortalecer el bienestar socioemocional y la convivencia en escuelas públicas.
La iniciativa partió en abril y se extenderá hasta enero de 2027 en establecimientos de los Servicios Locales de Educación Pública (SLEP) Costa Araucanía, Los Parques y Santa Corina, priorizando comunidades con mayores condiciones de vulnerabilidad social y educativa.
Más que actividades aisladas, el proyecto busca integrar el bienestar a la rutina escolar con estrategias simples que desarrollan los propios docentes, para fortalecer habilidades como la autorregulación, la empatía, la cooperación y la resolución de conflictos.
“El bienestar no puede ser un objetivo secundario dentro de la escuela; debe convertirse en una condición para que el aprendizaje ocurra”, señaló María Jesús Olivares, coordinadora de Evaluación y Estudios de Fundación Kiri. “Nuestro propósito es que estas herramientas sean sostenibles en el tiempo y queden instaladas en las comunidades educativas mucho después de que termine el proyecto”, agregó.
Un método de Harvard adaptado a Chile
Uno de los pilares del proyecto son los SEL Kernels, estrategias pedagógicas breves basadas en evidencia, desarrolladas por el Laboratorio de Enfoques Ecológicos para el Aprendizaje Socioemocional (EASEL Lab) de la Universidad de Harvard. Fundación Kiri las adaptó al contexto chileno y las integró con sus propias metodologías de juego y movimiento, tanto en talleres específicos, como robótica, como en asignaturas como lenguaje, matemáticas y educación física.
El proyecto incluye además capacitación y acompañamiento a docentes, trabajo con equipos directivos y espacios para recoger la voz de las comunidades educativas.
“La convivencia educativa no depende únicamente de nuevas normas o protocolos, sino también de transformar las experiencias cotidianas que viven estudiantes y docentes dentro de la escuela”, afirmó Francisca Morales, oficial de educación de UNICEF.
El aporte de UNICEF permitió ampliar la cobertura del programa y entregar asistencia técnica, con el objetivo de generar evidencia que contribuya a las políticas públicas sobre bienestar y convivencia escolar.

