Por Christian Candela, CEO Siemens Chile
El Día de las Cero Emisiones invita a reflexionar sobre los avances frente al cambio climático y a preguntarnos si estamos actuando a la velocidad que la emergencia exige.
Chile cuenta con una hoja de ruta ambiciosa y condiciones privilegiadas para transitar hacia una economía baja en emisiones. El desafío inmediato es convertir esa ventaja en acción: acelerar la adopción tecnológica y traducir esas soluciones en cambios concretos para la industria, las empresas y la sociedad.
La Estrategia Climática de Largo Plazo fija que el 80% de la generación eléctrica deberá provenir de fuentes renovables al 2030, y la Ley Marco de Cambio Climático establece la meta de carbono neutralidad a más tardar en 2050.
Son objetivos exigentes, pero también una oportunidad para impulsar una nueva matriz productiva. Nuestro país ha demostrado que, con visión a largo plazo, puede acelerar el cambio y llevar la transformación energética más allá de la generación, integrándola a toda la actividad productiva.
Para la industria, la transición se traduce en medidas concretas: electrificar procesos, elevar la eficiencia energética, automatizar controles y digitalizar la operación, junto con una gestión inteligente de la energía. Herramientas como la inteligencia artificial, los gemelos digitales y los sistemas de gestión energética ya están disponibles y permiten anticipar fallas, optimizar consumos y mejorar la productividad de forma medible.
En sectores estratégicos para el país como minería, industria manufacturera, transporte e infraestructura, la transición energética, no es solo una exigencia ambiental; es también una oportunidad de competitividad. Operar con mayor eficiencia, con menor consumo energético y con menos dependencia de combustibles fósiles hace a las empresas más productivas y resilientes.
Lograrlo requiere acelerar la inversión, fortalecer el capital humano, adaptar marcos regulatorios y mejorar la coordinación entre sector público, privado y academia. No se trata solo de tecnología: es convertir capacidades en proyectos escalables y resultados tangibles.
Chile tiene una ventaja, no estamos comenzando desde cero. Contamos con recursos renovables excepcionales, experiencia y una industria que está incorporando soluciones para avanzar hacia operaciones más eficientes y sostenibles. El desafío ahora es convertir esa ventaja en acción y acelerar la transformación.

