La Gerenta General de la organización empresarial que agrupa a más de 90 empresas en la región del Biobío plantea que la sostenibilidad solo es efectiva cuando se ancla en el territorio y se construye desde la colaboración intersectorial.
Bernardita Roa dirige IRADE Biobío desde una convicción que atraviesa toda su gestión: que las empresas no son actores aislados, sino piezas fundamentales del tejido económico, social y ambiental de los territorios donde operan. Como Gerenta General de una organización que reúne a más de 90 empresas socias en la región del Biobío, su trabajo diario consiste en articular lo que muchas veces parece difícil de articular: empresas, sector público, academia y sociedad civil con una agenda común de desarrollo sostenible.
“Desde IRADE promovemos buenas prácticas empresariales, gobernanza, innovación y colaboración intersectorial, convencidos de que las empresas son actores clave para el bienestar económico, social y ambiental de los territorios”, señala.
Tres tendencias que redefinen el rol empresarial
Desde su posición en el mundo empresarial regional, Roa identifica tres fuerzas que marcarán la sostenibilidad corporativa en los próximos años.
La primera es la integración estratégica de la sostenibilidad en el negocio, dejando atrás los enfoques aislados o meramente reputacionales. La segunda es la consolidación del territorio como unidad estratégica: las empresas deberán comprender y gestionar su impacto social y ambiental de manera colaborativa, reconociendo que su desempeño está profundamente ligado al entorno donde operan. La tercera es la confianza como activo crítico. “El diálogo, la transparencia y la colaboración son claves para un cambio sostenible”, afirma.
Los desafíos del sector: del discurso a la acción medible
Al identificar los principales obstáculos, Roa es directa: el problema central es pasar del discurso a la acción con resultados medibles. A ese desafío se suman otros igualmente complejos: la dificultad de escalar buenas prácticas más allá de casos puntuales, la necesidad de articular actores con intereses diversos y, quizás el más exigente, el de fortalecer liderazgos capaces de integrar variables económicas, sociales y ambientales sin sacrificar competitividad ni propósito.
Ese último punto, la tensión entre competitividad y propósito, es uno que Roa conoce bien desde la realidad de las empresas regionales, donde los recursos son más acotados y las presiones del entorno, igualmente intensas.
El foco para 2026: IRADE como referente empresarial con anclaje local
Para este año, su agenda apunta a proyectar a IRADE como un referente empresarial con foco territorial, profundizando los espacios de colaboración entre empresas, fortaleciendo círculos de buenas prácticas y promoviendo una agenda que conecte competitividad, bienestar y desarrollo sostenible.
“Buscamos escalar aprendizajes regionales y contribuir activamente al desarrollo del país”, sostiene. La convicción detrás de esa apuesta es que las regiones no solo implementan agenda nacional: también producen conocimiento y modelos replicables.
Un mensaje para el liderazgo femenino en sostenibilidad
Su consejo para quienes lideran procesos de sostenibilidad, especialmente mujeres, parte de una advertencia contra la claudicación del propósito: “No renuncien a su propósito, incluso en contextos exigentes. Confíen en sus capacidades y construyamos redes de colaboración diversa para facilitar la acción.”
En esa frase está condensada buena parte de su filosofía de gestión: que el liderazgo más efectivo no es el que opera en solitario, sino el que construye acuerdos y sostiene una visión de largo plazo en medio de la complejidad.
Y explica por qué las mujeres tienen un rol particular en esa tarea: “Tenemos una visión integral estratégica de largo plazo y una capacidad real de construir acuerdos y colaboración en contextos complejos.”

