Por Pablo Urbina, Socio y Director Ejecutivo Mattter.
Cada año, entre marzo y abril, las empresas en Chile abren una ventana hacia su interior. Publican sus memorias integradas y/o reportes de sostenibilidad, documentos que buscan dar cuenta de su desempeño, sus impactos y su contribución al desarrollo sostenible.
En teoría, es un ejercicio de transparencia y también de cumplimiento para las empresas reguladas por la Comisión de Mercado Financiero (CMF).
En la práctica, muchas veces es un ejercicio de distancia.
Porque mientras la reportabilidad ESG ha avanzado de forma significativa, con una adopción que ya alcanza cerca del 98% en grandes empresas en Chile según KPMG, la comprensión de esa información por parte de las personas sigue siendo limitada.
Y ese es el punto crítico.
De acuerdo con Ipsos, solo el 54% de las personas en Chile tiene una idea parcial o correcta de lo que significa sostenibilidad, mientras un 46% aún no logra identificar bien el concepto .
Es decir, hablamos de una conversación que aún no logra instalarse completamente en la sociedad.
A esto se suma un problema de confianza. Solo un 26% de las personas declara confiar en la comunicación empresarial en esta materia, y una proporción relevante considera que la información es insuficiente o poco clara.
Entonces, ¿qué está pasando?
Las empresas han avanzado en medir, gestionar y reportar. Han incorporado estándares, indicadores y marcos internacionales. Han profesionalizado la sostenibilidad.
Pero no necesariamente han logrado hacerla comprensible.
Los reportes son largos, técnicos, densos. Están diseñados para especialistas. Y en ese proceso, muchas veces pierden su capacidad de conectar con las personas.
Se habla de emisiones, de gobernanza, de métricas, de riesgos climáticos. Pero pocas veces se logra responder con claridad una pregunta esencial:
¿Por qué esto importa en la empresa y la vida de las personas?
Ahí está la brecha.
La sostenibilidad no sólo requiere datos. Requiere sentido.
Requiere ser explicada, contextualizada y conectada con las preocupaciones reales de la sociedad: el medioambiente, el empleo, las comunidades y la calidad de vida.
Y en un país donde la confianza en las empresas sigue siendo frágil, esta capacidad de conectar no es secundaria. Es central.
Porque la transparencia no es solo publicar información. Es lograr que esa información sea entendida.
Hoy, más que nunca, las empresas tienen la oportunidad, y la responsabilidad, de acercar la sostenibilidad a las personas. De traducirla. De hacerla parte de la conversación cotidiana.
Porque si la sostenibilidad no se entiende, no se valora. Y si no se valora, difícilmente podrá consolidarse como un motor de desarrollo.



