Infraestructura universitaria: tiempos de cambio y adaptación
Sacando la voz

Infraestructura universitaria: tiempos de cambio y adaptación

Por Wilson Aravena Hevia, Director de Infraestructura y Desarrollo Físico, Universidad Austral de Chile.

Para formar profesionales de excelencia no solo es imperativo contar con buenos (as) académicos (as) y estudiantes comprometidos (as), sino que también es importante y preciso, disponer de infraestructura y espacios físicos acordes, que permitan una formación de calidad.

Si bien en este último tiempo, debido a la pandemia de Covid-19, las universidades han dejado de ocupar físicamente sus instalaciones, en el silencio de los campus, los equipos técnicos han aprovechado para mejorar su infraestructura y adecuarla para el nuevo contexto que enfrentaremos en el corto plazo: ¿cuándo será y cómo será el retorno a las actividades presenciales? La verdad, no lo sabemos, pero sí creemos que la crisis sanitaria nos hará ser una sociedad más resiliente y entre todos, como comunidad universitaria, seguiremos avanzando y aportando desde nuestras distintas disciplinas para ir fortaleciendo la Educación Superior.

La Universidad Austral de Chile ha trabajado en ello fuertemente, adecuando sus edificaciones y llevando a adelante un desafiante plan de inversiones en medio de esta pandemia. Si bien, algunas obras de magnitud se encuentran en desarrollo, producto de la pandemia, nuestros profesionales arquitectos, ingenieros y constructores, han debido replantearse muchos elementos que interactúan e impactan los proyectos, junto a los procesos constructivos en la infraestructura universitaria. En este escenario, nuestra Universidad ha pasado rápidamente al plano de las acciones, considerando una serie de medidas que están implementándose en los edificios en construcción. 

¿A qué obedecen estas acciones? En la búsqueda de alguna respuesta, más allá de la proactividad, vemos una necesidad de adaptación al cambio; la tendencia nacional e internacional es la misma, incluso vemos que, por primera vez en la industria de la construcción, estamos en similares condiciones a nuestros pares internacionales. Todos tenemos el mismo objetivo: tratar de encontrar soluciones de infraestructura para nuestras comunidades y así contribuir a un retorno más seguro, colocando en el centro de la atención a los académicos, funcionarios y estudiantes, aun cuando no exista normativa que lo exija, sino más bien solo sugerencias de algunas entidades. Por ahora se está conversando en las mesas técnicas gubernamentales las medidas que se deberán implementar en el futuro y una de ellas, sin duda, será el distanciamiento físico y aquí, como Universidad tenemos una gran ventaja que quisiera compartir: la Región de Los Ríos cuenta con 8 m² por estudiante. Este indicador es muy relevante, porque la Universidad Austral de Chile es la institución de educación superior que aporta mayoritariamente esta infraestructura a nivel regional, lo que significa en la práctica, una mayor disponibilidad de infraestructura por cada alumno matriculado, seguida por las regiones de Atacama con 6,9 m² por estudiante y Magallanes con 6,4 m² por estudiante, según la información entregada por el (Servicio de Información de la Educación Superior SIES, 2019).

Analizando este indicador tenemos mejores condiciones de entregar distanciamiento físico a nuestros académicos, funcionarios y estudiantes, sumando otra serie de medidas que ya se encuentran en etapa de implementación en las obras nuevas, que nos permitirán entregar una mejor infraestructura adaptada a los nuevos requerimientos que necesita la Educación Superior. En esa línea se contemplan los aproximadamente 11.200 m² que estamos construyendo, en cuatro edificios corporativos: Edificio de Filosofía y Humanidades, Centro Náutico, Ampliación Gimnasio Miraflores y Edificio Pabellón Docente. A eso se suman los edificios que están en etapa de diseño por un total de 28.000 m². 

La nueva infraestructura y los atributos descritos son un aporte efectivo al momento de ofrecer las mejores experiencias de aprendizaje in situ en forma más segura, porque sabemos que nada reemplazará el contacto directo, enriquecedor y la interacción social que favorecen nuestros espacios físicos e infraestructura.