Con la norma IFRS S2 en camino, SLR Consulting advierte que ya no basta con identificar riesgos climáticos: las empresas deberán explicar cómo afectan su operación, sus costos y la viabilidad de su negocio.
Chile todavía repara la infraestructura dañada por el temporal que golpeó con fuerza a las regiones de Atacama y Coquimbo entre el 15 y el 20 de julio. Según el Ministerio de Obras Públicas, los daños solo en obras públicas se estimaron entre US$400 y US$700 millones.
A eso se suma que la Organización Meteorológica Mundial (OMM) confirmó que El Niño está “firmemente establecido”, con una probabilidad cercana al 100% de que se mantenga activo hasta febrero de 2027.
Para la consultora SLR Consulting, este escenario obliga a las empresas a tratar el riesgo climático físico como un riesgo financiero, que debe identificarse, gestionarse, mitigarse y reportarse con el mismo rigor que otras variables estratégicas. Los eventos extremos afectan la infraestructura, la continuidad operacional, el abastecimiento y los costos.
Lo que exige la IFRS S2
La Comisión para el Mercado Financiero (CMF) incorporó los estándares IFRS S1 e IFRS S2 a través de la Norma de Carácter General 519. La exigencia se aplicará sobre el ejercicio 2027, en las memorias anuales que se publicarán en 2028.
La IFRS S2 es la heredera del TCFD (Task Force on Climate-related Financial Disclosures), el marco que hace diez años impulsó la divulgación de riesgos y oportunidades financieras asociados al clima. Pero aún queda trabajo pendiente.
“Muchas empresas han avanzado en hacer un análisis climático identificando sus principales riesgos y oportunidades, incluyendo información al respecto en sus reportes, pero esto no significa que necesariamente estén bien preparadas para afrontar las situaciones climáticas que van apareciendo”, señaló Germán Sáenz, director de Corporate Sustainability Advisory para América Latina de SLR.
Análisis más finos y en toda la cadena
Frente a riesgos cada vez más volátiles, capaces de generar pérdidas en toda la cadena logística, SLR plantea la necesidad de análisis climáticos más detallados.
“En lugar de evaluar los impactos climáticos únicamente a nivel corporativo, las empresas deben comprender dónde se concentran los riesgos y las oportunidades en su modelo de negocio, cadena de valor y flujos de ingresos, así como la manera en que dichas exposiciones se traducen en sus resultados financieros, a corto, mediano y largo plazo”, explica Sáenz.
Según el ejecutivo, la norma exige pasar de describir los riesgos a explicar qué significan para la resiliencia futura del negocio, frente a efectos agudos (temporales u olas de calor) y crónicos (sequías). Esto implica usar el análisis de escenarios para evaluar si la estrategia sigue siendo viable tanto en una transición hacia una economía baja en carbono como en un escenario de mayor calentamiento global, con impactos físicos más graves.
Del reporte a la toma de decisiones
“Las empresas que operan en Chile deben pasar de considerar el análisis de escenarios como un simple ejercicio de presentación de informes a integrar verdaderamente la resiliencia climática en su funcionamiento. Esto implica que el directorio y la primera línea de la compañía se involucren en la comprensión de todas las implicancias del cambio climático y que incorporen el análisis de los riesgos y oportunidades en la toma de decisiones estratégicas y en la asignación de capital”, concluye Sáenz.

