Jorge Morales, ingeniero forestal y académico de la Universidad de Santiago, advierte que el 95% del presupuesto contra incendios se va en combatirlos y solo el 5% en prevenirlos. En este especial del Club de la Sustentabilidad, en alianza con PEFC Chile, habló también de la urgencia de una nueva ley de fomento forestal y de su crítica a los bosques de bolsillo.
Cuando se habla de bosques, se suele pensar en árboles. Para Jorge Morales, ingeniero forestal con cerca de 40 años de trabajo junto a organizaciones campesinas, esa es la primera confusión.
“Cuando hablamos de bosques hablamos de ecosistemas, no de árboles. Los árboles son uno más de los componentes de un ecosistema boscoso. Y uno de los componentes más importantes de un ecosistema boscoso son las personas”, afirmó en conversación con El Club de la Sustentabilidad.
Ingeniero forestal de la Universidad de Chile, doctor en Manejo de Recursos Naturales y Planificación Territorial por la Universidad de Toulouse, exdirector regional de CONAF en el Biobío y hoy académico de la Facultad de Arquitectura y Ambiente Construido de la Universidad de Santiago, Morales distingue a tres grupos que conviven con el bosque: quienes viven en la interfaz urbano-rural, los pequeños propietarios que plantaron con apoyo del Estado y los campesinos forestales que viven del bosque nativo.
La leña y los pequeños propietarios
Según el académico, entre un 20% y un 25% de las plantaciones forestales de Chile está en manos de pequeños y medianos propietarios. “No todos son de las grandes empresas forestales”, subrayó.
Los campesinos forestales, además, extraen productos no madereros como hongos, flores y hojas, y producen casi el 100% de la leña que se consume en el país, que Morales estimó entre 10 y 12 millones de metros cúbicos al año. “El 50% más o menos de la energía que se usa en el medio rural chileno proviene de la leña”, señaló.
Vivir del bosque
¿Es posible vivir del bosque y conservarlo a la vez? Morales reconoce que es complejo. Según una tipología de campesinos forestales que elaboró hace una década con el Instituto Forestal, entre el 80% y el 90% de esos predios no tiene condiciones para vivir ni del bosque ni de la agricultura.
Por eso plantea una política integral: riego eficiente, fomento de plantaciones y apoyo para aprovechar el bosque nativo, de modo que las familias campesinas no abandonen el campo. A su juicio, el problema de fondo es la idea de que conservar es no tocar.
“La gente cree que aprovechar el bosque es mirarlo, ponerle un candado (…) cuando alguien no maneja el bosque, lo condena a la muerte”, sostuvo. Y advirtió que, cuando no hay mercado o los precios son muy bajos, el bosque se abandona. “Lo peor que nos puede pasar es abandonar el bosque”, dijo.
Incendios: el 95% para apagar
Uno de los temas en que más ha insistido es el presupuesto contra incendios forestales. Según sus cifras, de los cerca de 140 millones de dólares que se destinaron el año pasado al programa de incendios, el 95% se usó en combate y solo el 5% en prevención.
“O sea, se quema la plata”, resumió. Morales explicó que los incendios de sexta generación, como los que ha vivido Chile desde 2017, superan cualquier capacidad humana para detenerlos. Y como más del 99% son provocados por personas, sostuvo que las campañas de concientización no bastan.
Su propuesta es preparar los ecosistemas que rodean a las ciudades para que actúen como barrera. “Un incendio forestal cuando afecta un ecosistema forestal es recuperable”, explicó, poniendo como ejemplo el bosque esclerófilo que rodea Santiago o los bosques de ruil del Maule, que ya rebrotaron. “Lo que no se puede subsanar son las vidas humanas, las casas”, afirmó.
Ciudades con sombra
En la ciudad, su prioridad es otra: la sombra. Plantea corredores de árboles de rápido crecimiento, con riego permanente y menos cemento.
Y es crítico de los bosques de bolsillo. “No son bosques. Está muy lejos de ser un bosque”, afirmó. A su juicio, consumen mucha agua y no bajan la temperatura. “Esos bosques tienen muy buen marketing, pero no son más que eso”, sostuvo, aunque reconoce que más áreas verdes siempre cambian la percepción de la ciudad.
Una ley de fomento forestal
Si pudiera cambiar una sola cosa de la política forestal, sería contar con una nueva ley de fomento. “Considero inexplicable que nuestro país no cuente con una ley de fomento”, señaló, en referencia al fin de los incentivos del Decreto Ley 701. Su propuesta es apoyar tanto a quienes quieren plantar mucho como a pequeños propietarios que plantan poco.
También pidió educación forestal en los colegios. “Yo tuve cero ramos sobre bosques en toda la enseñanza del colegio”, recordó.
Y cerró con una invitación: conocer la Carretera Austral. “Chile posee el bosque frío, la selva fría, mejor conservada del mundo. Y está en la Carretera Austral”, afirmó.

