Desde soluciones basadas en la naturaleza en Lampa y Bajos de Mena hasta la medición de contaminación en ciclovías, el Hub del Foro Económico Mundial reúne a 25 jóvenes que diseñan sus proyectos junto a las comunidades.
En Las Pompeyas, Lampa, el problema parecía estar en los techos. Pero cuando el equipo de Global Shapers Santiago llegó al lugar, encontró algo más complejo: la erosión del cerro hacía que agua y barro escurrieran hacia las viviendas.
“Cualquier persona puede entregar nylon o un tapa-goteras pensando que eso va a solucionar el problema, pero cuando vas a terreno te das cuenta de que el techo puede ser un problema mucho menor que la erosión del cerro”, cuenta Camila Argomedo Rosenblum, Officer de Acción Climática de Global Shapers Santiago Hub.
La situación llevó al equipo a trabajar con soluciones basadas en la naturaleza, creando OCAS y plantando árboles y arbustos nativos. En Bajos de Mena, el desafío era distinto: el calor. Allí intervinieron una zona altamente expuesta al sol con especies nativas, buscando generar sombra y recuperar el espacio.
Para Argomedo, ambos casos muestran la importancia de diseñar las soluciones junto a quienes habitan cada territorio. “Creo que siempre hay que validar las soluciones con las personas que habitan las comunidades. Una solución que no se alinea con sus intereses o dinámicas probablemente no se sostenga en el futuro y termine siendo una pérdida de recursos”, señala.
Del territorio al aire
Global Shapers Santiago nació en 2011 como parte de Global Shapers Community, iniciativa del Foro Económico Mundial, y hoy reúne a 25 jóvenes. Sus proyectos surgen desde los propios integrantes y abordan distintos desafíos de la ciudad.
Este año, uno de los focos está en la contaminación del aire. A través de Equal Air, el Hub trabaja en una iniciativa que busca medir material particulado en salas de clases y comparar espacios con y sin filtración.
El proyecto también contempla utilizar sensores móviles en bicicletas para registrar la contaminación en distintas rutas y horarios. “Una cosa es tener un medidor estático en determinados puntos de Santiago y otra muy distinta es medir lo que ocurre a nivel de calle, en una ciclovía específica y a una hora determinada”, explica Argomedo.
La idea es generar información que pueda ser útil para ciclistas y municipios y, al mismo tiempo, entender cómo distintos problemas ambientales se cruzan en una misma ciudad.
En 2025, el Hub ya había trabajado con otros grupos del Cono Sur en un reporte sobre adaptación climática que comparó Santiago, Buenos Aires, Montevideo y Asunción. Para Argomedo, esa experiencia reforzó una conclusión: los desafíos climáticos pueden cambiar de territorio, pero muchas veces comparten patrones.
Ahora el desafío es que los aprendizajes de proyectos locales puedan llegar más lejos. “Nosotros podemos llegar hasta cierto punto, pero necesitamos aliados estratégicos que nos ayuden a llevar nuestras ideas y aprendizajes a cambios de mayor escala”, plantea.


