Estudio científico revela que el colapso ambiental de la Isla de Pascua estuvo marcado por sequías extremas

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Durante décadas, Isla de Pascua fue presentada al mundo como un ejemplo paradigmático de autodestrucción ecológica. La narrativa dominante sostenía que el pueblo Rapa Nui habría agotado sus propios recursos naturales mediante una deforestación descontrolada, provocando un colapso ambiental, social y cultural.

Hoy, esa lectura ha cambiado de forma decisiva.

Investigaciones científicas recientes, publicadas desde 2018 en revistas internacionales con revisión por pares, han reconfigurado el marco interpretativo sobre el pasado ambiental de la isla. Así lo explica Rodrigo Abarca del Río, geofísico de la Universidad de Concepción y coautor de varios de los estudios clave que impulsaron este giro científico.

“Estos resultados ya no son una hipótesis ni una controversia”, sostiene el investigador. “Han pasado a ser indispensables para cualquier investigación actual sobre la Isla de Pascua”.

El rol clave del clima en el pasado de Rapa Nui

La nueva evidencia muestra que el declive ambiental de la isla no puede explicarse únicamente por la acción humana. En cambio, apunta a un factor decisivo y largamente subestimado: la variabilidad climática extrema y prolongada.

A partir de reconstrucciones paleoclimáticas del último milenio, los estudios identificaron una recurrencia inusualmente alta de condiciones similares a La Niña entre los siglos XV y XVII. Este período estuvo marcado por décadas de severos déficits de precipitaciones, en una isla caracterizada por suelos volcánicos frágiles y recursos limitados de agua dulce.

Estos episodios de sequía prolongada coinciden estrechamente con los registros paleoecológicos que muestran el declive de los bosques, el aumento de incendios, la degradación del suelo y cambios en la cobertura vegetal, evidenciados en los sedimentos lacustres de los cráteres volcánicos de la isla.

De la culpa al entendimiento: una sociedad bajo estrés climático

La investigación no niega la intervención humana en el paisaje de Rapa Nui. Al contrario, la contextualiza.

“El relato tradicional culpaba implícitamente a toda una cultura por el colapso ambiental”, explica Abarca del Río. “Lo que muestran los datos es algo mucho más complejo: una sociedad que debió adaptarse a presiones climáticas severas y persistentes”.

Lejos de la imagen de irresponsabilidad ecológica, la evidencia arqueológica revela estrategias sofisticadas de adaptación, como los huertos con mantillo de piedra, los manavai (sistemas de cultivo circulares protegidos del viento), prácticas de manejo del agua y regulaciones culturales —como los tapu— orientadas a proteger los recursos disponibles.

“Más que incapacidad de adaptación, lo que vemos es resiliencia, innovación y una respuesta activa frente a condiciones ambientales excepcionalmente adversas”, subraya el académico.

Implicancias más allá de Rapa Nui

El alcance de esta investigación trasciende ampliamente el caso de la Isla de Pascua. Desde el punto de vista metodológico, demuestra el valor de integrar datos paleoclimáticos, modelos climáticos, registros paleoecológicos y evidencia arqueológica para revisar supuestos históricos profundamente arraigados.

“La convergencia de múltiples líneas de evidencia independientes permitió una reconfiguración rápida y sólida del marco interpretativo”, señala Abarca del Río. “Estos hallazgos ya forman parte de la literatura científica internacional y están dando base a nuevas investigaciones”.

En un contexto global marcado por el cambio climático, la historia revisada de Rapa Nui ofrece una lección relevante: comprender el pasado con evidencia robusta no solo corrige errores históricos, sino que también permite valorar la capacidad de adaptación de las sociedades humanas frente a crisis ambientales profundas.

De ahora en adelante, coinciden los investigadores, cualquier discusión seria sobre el pasado de la Isla de Pascua deberá incorporar esta evidencia climática. Porque más que una historia de colapso, lo que emerge es una historia de resiliencia bajo presión extrema.

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