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Lunes, Julio 26, 2021

La obra pública como oportunidad para el encuentro

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Contamos historias que merecen crecer. Pensamos diferente y elegimos creer en las personas, comunidades y organizaciones, las grandes y las que están empezando ahora en la mesa de un café, pero que van a cambiar el mundo.

Matías Honour, Director de Proyectos de Fundación Mi Parque

El fin de semana, la arquitecta Rossana Forray publicó una columna sobre el rol de la “obra pública” y su sentido en la construcción de ciudad. Esta se centró en el debate que se está desarrollando en torno al proyecto Pasarela Puente Centenario, en el marco de la construcción de la autopista Américo Vespucio Oriente. Este caso en particular detona un tema esencial: hoy estamos en el momento perfecto para relevar con fuerza el rol de la obra pública.

El reciente gobernador electo de la región Metropolitana, Claudio Orrego, ha destacado bastante el rol activador que puede tener en la economía la obra pública y, sobre todo, ligada a la construcción de parques y espacios públicos. Un discurso que se repite en el gobierno central y desde gremios como la Cámara Chilena de la Construcción.

Este mecanismo no es nuevo, tanto en Chile como en otros países, frente a catástrofes y necesidad de inyección de recursos, la construcción de puentes, autopistas, puertos, edificios públicos y parques ha sido una política efectiva para generar empleo e incentivar economías locales. Pero creo relevante detenerse a reflexionar cuando ponemos el foco en el espacio público.

No es lo mismo construir un puente que construir un parque. Cuando construimos parques no solo importa el “cemento” ni la ingeniería. Por supuesto que es relevante, pero, concordando con Rossana Forray, por sobre todo importan las nuevas oportunidades de encuentro que se van a producir ahí: las amistades, los pololeos, los juegos y las conversaciones; y el aporte urbano que ese proyecto puede entregar. Nos enfrentamos a espacios que trascienden.

Un ejemplo que puede graficar esto es el antiguo Parque Las Palmeras de Renca. En el año 1984, y enmarcado en el Programa de Empleo Mínimo (PEM) de la dictadura militar, se construyó este parque de 17 hectáreas para dotar de áreas de esparcimiento a Renca e Independencia. Al día de hoy, es un área degradada casi en su totalidad, foco de delincuencia y de basura, donde el municipio de Renca y de la mano de organizaciones, como la Fundación Mi Parque, ha tenido que, a pulso, hacer potentes esfuerzos para su recuperación. ¿Por qué este proyecto falló? Porque su principal foco estuvo puesto en la generación de empleo local y no del desarrollo de un área verde consolidada ni un espacio público para la ciudad y para su gente.

Frente a este riesgo, es importante tener en cuenta algunos conceptos importantes con el fin de aprovechar la oportunidad, los que además se recogen en la nueva Política Nacional de Parques Urbanos.

Primero, impulsar la participación ciudadana activa como la manera de desarrollar la ciudad, avanzando más allá de la consulta informativa. Segundo, diseñar con conceptos de pertinencia territorial y sustentabilidad. Por último, aportar a la equidad territorial, entregando acceso a estas obras públicas a las comunidades que históricamente han sido excluidas de espacios al aire libre de calidad.

Hoy tenemos la oportunidad de, con gasto fiscal, podamos relevar la obra pública como impulsora de la economía y como creadora de empleo, pero por sobre todo, como creadora de lugares de encuentro y de identidad. Por eso hagámoslo, pero hagámoslo bien.

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