2018 Sacando la voz

¿Por qué 9 mt?, más allá del metro cuadrado

Por Trinidad Vidal, Directora de Investigación y Desarrollo de Fundación Mi Parque.

Mucho se habla y se escribe de la importancia de las áreas verdes, y sobre lo escasas que son. Me atrevería a decir que la mayoría de las conversaciones o presentaciones sobre este tema parten citando la supuesta recomendación de la OMS que indicaría que las ciudades debieran tener 9 mt2 por habitantes de área verde ¿Por qué 9 mt? no es muy claro, así como tampoco lo es el origen de esa cifra y el análisis que la sustenta. Lo impresionante es que está presente en las definiciones de políticas públicas de varios países, misiones de instituciones, estudios académicos y un largo etc. Entonces la pregunta es ¿necesitamos saber cuál es el promedio de metros cuadrados por persona que debiera tener una ciudad para ser una buena ciudad? A mi juicio, la respuesta no es clara. Los promedios son engañosos, entenderlos como verdades absolutas nos puede llevar a malas interpretaciones y a la autocomplacencia, y en el caso de los estándares urbanos eso puede ser muy peligroso.

Supongamos que en mi comuna existe un gran parque urbano, que por sus dimensiones logra que quienes vivimos ahí nos acerquemos al promedio recomendado de áreas verdes por persona, sin embargo, para acceder al parque tengo que tomar el transporte público o subir al auto, demorándome media hora en llegar al lugar ¿Disfruto los beneficios de tener los m2 de área verde que en teoría son correctos? Al parecer no, por lo mismo, parece ser más adecuado establecer metas pertinentes a las distintas realidades nacionales y locales, conjugando escalas metropolitanas y barriales, donde además de apostar por grandes extensiones de parques urbanos, con los beneficios indiscutibles que eso trae, todos y todas puedan tener una plaza de calidad a 5 o 10 minutos caminando de sus casas.

En esta línea la invitación de Fundación Mi Parque es proponer plazas con altos estándares de calidad, a pequeña escala (entre 1.000 y 5.000 m2) que proporcionen los beneficios medioambientales de las áreas verdes y las posibilidades de encuentro social que éstas entregan. Necesitamos encontrarnos con otros, compartir con distintas generaciones de personas que usan la plaza del barrio para descansar, correr, jugar, leer y un largo etcétera.

Para obtener todos los beneficios, nuestras plazas debieran tener algunas características que inviten a quedarnos en ellas y compartir con otros: deben ser espacios confortables y seguros, para eso es central que estén bien mantenidos. Los responsables de esto -y de tantas otras cosas- son los municipios, que muchas veces ven superadas sus posibilidades de mantención al encontrarse con plazas que implican un gasto y una dedicación más allá de sus posibilidades y financiamiento. Por eso la clave está en diseñar plazas pensadas para su posterior mantención, que consideren las características geográficas y territoriales del lugar donde serán construidos, pensadas con flora nativa y materialidades adecuadas a la zona. Con mobiliario y paisaje que resista pelotazos, coches, sillas de rueda, niños corriendo, picnics y todas las posibles actividades que llenan de vida las plazas de barrios.

Por último, los diseños debieran considerar, además de las características geográficas y locales, las necesidades de los vecinos como principal herramienta de planificación de la plaza. Sólo así, las comunidades se transformarán en aliados apropiándose de espacios que les hagan sentido, no necesariamente haciéndose cargo de la mantención, pero si activando la plaza tanto desde el uso de la misma, como desde el rol ciudadano colaborador del gobierno local en el cuidado de los espacios públicos.

 

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