Pareciera ser que lo que algunos anunciaron hace años, se está cumpliendo y nos encaminamos a un desastre mayor, tanto a nivel social como ambiental. Lo favorable de tanta noticia desalentadora es que la sociedad va poniendo el tema en valor y busca soluciones.
El nivel de satisfacción en el trabajo es uno de los factores más importantes al medir la calidad de vida en general, sobre todo si consideramos que de acuerdo a cifras entregadas por la OCDE, en Chile se trabaja en promedio 1.988 horas al año.
La gran preocupación es la calidad de la enseñanza que reciben los estudiantes, saber en qué medida ella responde a la realidad de las demandas del mercado para profesionales con ese nivel de formación y las oportunidades que tienen a su disposición nuestros jóvenes.
A la crisis del agua en Osorno, donde los ciudadanos tuvieron que padecer la ausencia total del suministro de agua potable, se sumó el vertimiento de 40 mil litros de petróleo diésel desde la planta de una compañía siderúrgica a la costa de isla Guarello en la Región de Magallanes, con la consecuente contaminación de 15 mil litros de agua de mar.
Hace algunos días se dio a conocer el Índice Mundial de Innovación de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), el que busca medir el desempeño en materia de innovación de 129 países del mundo.
La tecnología se ha convertido en un elemento esencial en la vida de las personas. No sólo ha solucionado grandes problemas que antes eran difíciles de resolver, sino que también ha logrado que diferentes tipos de transacciones sean más fáciles, rápidas y seguras de hacer.
Recientemente el Presidente Sebastián Piñera adelantó detalles de lo que será la COP25 que se realizará en Santiago a final de año, anunciando el compromiso de descarbonizar la matriz energética del país.
No existe un acuerdo común sobre que significa ética, responsabilidad social y sostenibilidad en el mundo de los negocios. Tampoco se entiende claramente la relación entre estos conceptos y en muchas ocasiones se usan como sinónimos.