30 mujeres fueron reconocidas por su compromiso con la reducción del desperdicio de alimentos en una iniciativa que combina impacto social, ambiental y económico.
En un contexto donde el desperdicio de alimentos y la inseguridad alimentaria siguen siendo desafíos urgentes, una iniciativa impulsada desde la colaboración entre empresas y organizaciones sociales está demostrando que el cambio también puede comenzar desde la cocina.
En el marco del Mes de la Mujer, Scotiabank, a través de su ERG de Equidad de Género, junto a Fundación Basura y Aramark, realizaron el cierre del programa Mingueras, una iniciativa que promueve la valorización de alimentos y el empoderamiento femenino en comunas como Cerro Navia, Viña del Mar, El Bosque y Santiago.
La jornada estuvo marcada por dos ejes clave: educación financiera y cocina consciente, herramientas que buscan fortalecer la autonomía de las participantes y promover hábitos sostenibles en el día a día.
De alimentos descartados a oportunidades
El proyecto Mingueras reúne a mujeres que recolectan frutas y verduras que no logran comercializarse en ferias libres, transformándolas en conservas, mermeladas y otros productos.
Lo que antes era residuo, hoy se convierte en alimento, ingreso y propósito.
Como hito de cierre, 30 mujeres fueron reconocidas con un diploma por su participación en el programa y su compromiso con la reducción del desperdicio de alimentos, evidenciando el impacto concreto de esta iniciativa en sus comunidades.
Desde 2024, el programa ha convocado a cerca de 250 mujeres, consolidando una red que combina economía circular, seguridad alimentaria y desarrollo local.
Aprender a gestionar recursos… y a aprovecharlos
Durante la jornada, las participantes asistieron a una clase de economía doméstica liderada por colaboradoras de Scotiabank, enfocada en la gestión eficiente de recursos y la toma de decisiones financieras en el hogar.
A esto se sumó un taller gastronómico a cargo de Aramark, orientado a promover una cocina más consciente y práctica, con foco en la reducción del desperdicio de alimentos.
La propuesta es clara: pequeños cambios en la cocina pueden generar grandes impactos en el bolsillo y en el medioambiente.
Un problema urgente en la región
La relevancia de esta iniciativa se vuelve aún más evidente frente a las cifras.
En América Latina, se pierde el 11,6% de los alimentos producidos cada año, equivalente a 220 millones de toneladas. En Chile, se desperdician cerca de 5,2 millones de toneladas de alimentos anualmente, mientras un 19,2% de la población enfrenta inseguridad alimentaria.
En este escenario, iniciativas como Mingueras no solo rescatan alimentos: también generan soluciones concretas a desafíos sociales y ambientales.
Cocinar también puede ser un acto de cambio
Como parte del cierre, se presentó el recetario “Sabores sin Desperdicio”, una publicación que invita a repensar la cocina cotidiana.
El libro reúne 11 recetas que utilizan ingredientes comúnmente descartados —como cáscaras, tallos o frutas maduras— demostrando que es posible reducir el desperdicio, ahorrar dinero y cuidar el entorno desde acciones simples.
“Cada vez que rescatan una fruta o verdura que el mundo descartó y la convierten en algo nuevo, eso no es solo cocina. Es una forma de ver el mundo”, señaló Ana Luisa Bahamondes, Manager de Sostenibilidad Chile y Uruguay de Scotiabank.
Cuando la colaboración genera impacto real
Más allá de la actividad puntual, el programa Mingueras refleja una tendencia creciente: la articulación entre empresas, fundaciones y comunidades para abordar desafíos complejos desde soluciones colaborativas.



