Desde Sofofa Hub, el programa Territorio Circular busca articular empresas, Estado, startups y academia para acelerar la transición desde modelos lineales hacia una economía verdaderamente circular en Chile.
La economía circular se ha convertido en una de las palabras más repetidas dentro del discurso corporativo. Sin embargo, su implementación real sigue siendo un desafío para muchas organizaciones. Así lo afirma Javier Obach, gerente del programa Territorio Circular de SOFOFA Hub, quien asegura que la principal barrera para avanzar no es tecnológica ni financiera, sino cultural.
“Las empresas están acostumbradas a resolver sus problemas de manera individual, en silos. La economía circular exige colaboración, redes y una mirada ecosistémica”, explica en conversación con El Club de la Sustentabilidad, el podcast de Diario Sustentable.
Según Obach, el tránsito desde proyectos aislados hacia una gestión integral implica romper paradigmas arraigados: “No se trata solo de reciclar, sino de transformar la forma en que creamos valor, reducimos desperdicios, disminuimos emisiones y generamos empleo verde”.
De la sostenibilidad como marketing a una palanca de innovación
Uno de los errores más frecuentes que cometen las empresas, señala, es encasillar la sostenibilidad como una herramienta comunicacional, sin integrarla en la toma de decisiones estratégicas.
“Muchas veces se asocia la economía circular solo al reciclaje. Pero es mucho más: es dejar de generar desperdicio, reducir camiones, disminuir gases de efecto invernadero, retener valor en la economía y generar nuevos modelos de negocio”, subraya.
La clave está en hacerla transversal. Cuando producción, compras, bodegas e innovación no conversan entre sí, la transformación se vuelve imposible.
Territorio Circular: un ecosistema para acelerar el cambio
Sofofa Hub es el brazo de innovación de la Sociedad de Fomento Fabril, y Territorio Circular es uno de sus programas estratégicos. Se trata de una plataforma público-privada, financiada por Corfo, que articula a ministerios, agencias, universidades, gremios y empresas para acelerar la economía circular desde los territorios.
El programa no funciona como un fondo concursable, sino como una red abierta de articulación. Desarrolla guías de buenas prácticas, premios, instancias de simbiosis industrial, desafíos de innovación y acompañamiento técnico.
“Entendemos las brechas reales de las empresas: muchas veces son normativas, tecnológicas o financieras. Nuestro rol es articular actores para reducir esas barreras”, explica Obach.
Casos que mueven la aguja
Entre las experiencias destacadas se encuentra Collahuasi, empresa minera que incorporó criterios de economía circular en sus procesos de licitación, asignándoles una ponderación del 20%. Esto obligó a sus proveedores a adoptar métricas y prácticas circulares para seguir compitiendo.
Otro caso emblemático es la alianza entre Pronto Copec y Food for the Future, donde residuos orgánicos de estaciones de servicio se transforman en harina de insecto, utilizada como proteína para gallinas, cuyos huevos se venden nuevamente en Copec, cerrando el ciclo.
A nivel territorial, el programa impulsa centros tecnológicos de economía circular, como el recientemente adjudicado en la Región de Los Lagos, que apoyará a industrias acuícolas, agroindustriales y de la construcción.
Simbiosis industrial: cuando el residuo de uno es recurso para otro
Uno de los ejes estratégicos del programa es la simbiosis industrial, que busca conectar empresas de distintos sectores para que compartan flujos de materiales, energía y activos.
A través de la metodología Enlace Circular, se reúnen compañías para mapear sus entradas y salidas, identificar oportunidades y desarrollar proyectos piloto escalables. “El residuo deja de ser un problema y se convierte en una oportunidad”, señala Oax.
Actualmente, el programa lidera el primer Acuerdo de Producción Limpia de simbiosis industrial en el Parque Industrial de Lautaro, en La Araucanía, donde más de 80 empresas están siendo diagnosticadas para avanzar hacia modelos colaborativos.
Tecnología, datos y confianza
La trazabilidad y los datos son clave. Desde gemelos digitales hasta blockchain, la tecnología permite asegurar que los procesos circulares generen impactos positivos reales.
Un ejemplo es el proyecto de ConverPlus y Atando Cabos, que transforma redes de pesca en desuso en pallets reutilizables, con códigos QR que permiten rastrear su origen, proceso y huella ambiental.
“La confianza es el cimiento de la economía circular. Sin datos, no hay decisiones sostenibles”, afirma.
Chile, un referente regional
Oax sostiene que Chile es hoy uno de los países más avanzados en economía circular en Latinoamérica, con institucionalidad, hoja de ruta, centros tecnológicos y marcos como la Ley REP y la Ley Marco de Cambio Climático.
“Otros países nos miran como referente. Pero aún hay brechas: normativas, financieras y culturales. No podemos bajar los brazos”, enfatiza.
Liderar con impacto
Para quienes quieran iniciar este camino desde una empresa, Oax propone tres pasos: liderar con propósito, romper los silos mediante colaboración y medir para tomar decisiones informadas. A ello suma un cuarto: comunicar e inspirar a otros.
“Ya no basta con hacer menos daño. El desafío es generar impacto positivo y transformar el modelo productivo”, concluye.



