Por Viviana Pinto, Coordinador de sostenibilidad, Universidad Andrés Bello y G100 Ecocivilisation Chile.
Febrero de 2026 trajo dos hitos importantes para quienes trabajamos hace años en la lucha contra la contaminación por plástico. Este 13 de febrero comenzó a regir el último tramo de la Ley 21.368, conocida como Ley de Plásticos de un Solo Uso, que busca reducir los plásticos desechables en locales de expendio de alimentos. Al mismo tiempo, el Tratado Global sobre Plásticos nombró a un chileno como presidente del proceso de negociación, situando al país en un rol clave en la gobernanza internacional del plástico.
En el caso de la Ley de Plásticos de un Solo Uso, llegó el momento que muchas personas esperábamos y que otras temían. Esta etapa debió implementarse hace 18 meses y, en el camino, se modificó uno de los artículos que, a mi juicio, era el más innovador: aquel que obligaba a que, al comer dentro de un local, todo fuera reutilizable.
Sin embargo, la reutilización terminó quedando concentrada principalmente en las botellas plásticas, promoviendo su retornabilidad. En la práctica, seguiremos viendo productos desechables dentro de los locales, aunque, al menos, ya no deberían ser de plástico convencional. A inicios de este año se aprobó la modificación que permitió reemplazar esa obligación por alternativas diferentes al plástico o de plástico certificado, diluyendo parte de la ambición original de la norma. Además, tras varios meses de atraso, por fin contamos también con el reglamento de la ley, que entre otras especificaciones, despeja la incógnita de qué se entenderá por “plásticos certificados” y define cómo operarán esas nuevas categorías.
Desde el 13 de febrero, todos los artículos de la Ley 21.368 están plenamente vigentes, y ahora la atención debe ponerse en dos frentes: las primeras certificaciones que irán apareciendo en el mercado y la efectividad real de la fiscalización. Sin inspección y sanciones, cualquier ley corre el riesgo de quedar solo en el papel.
En paralelo, otra noticia marcó febrero: el Tratado Global sobre Plásticos, impulsado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), tiene nuevo presidente y es chileno. Julio Cordano, Director de Medio Ambiente, Cambio Climático y Océanos de la Cancillería, fue elegido para liderar el Comité Intergubernamental de Negociación encargado de lograr un texto consensuado para el futuro tratado. Con solo leer su cargo queda claro que se trata de alguien vinculado a estos temas. He tenido la oportunidad de compartir con Julio en distintos espacios y, en lo personal, creo que es una de las personas más adecuadas para asumir este desafío.
No es una tarea menor. Las naciones ya han sesionado 6 veces para intentar avanzar hacia un texto acordado, pero las presiones políticas y los intereses económicos chocan frontalmente con las ambiciones y el sentido de urgencia que otras naciones y organizaciones han tratado de evidenciar en el proceso. El tratado busca abordar la contaminación por plástico a lo largo de todo su ciclo de vida: desde la definición misma de qué entendemos por plástico, hasta la homologación de conceptos, la prohibición de aditivos tóxicos y la eliminación de plásticos innecesarios, especialmente muchos de un solo uso.
La implementación y fiscalización de la ley en Chile, y las negociaciones del tratado global, comparten algo en común: son procesos complejos, llenos de tensiones entre intereses contrapuestos. He visto de cerca la convicción de quienes empujan estos cambios, pero también el desgaste de negociar una y otra vez, de ver cómo acuerdos se diluyen o se modifican antes de siquiera entrar en vigor, generando confusión y frustración.
Vivimos tiempos en que las prioridades mundiales no parecen alinearse con terminar la contaminación por plástico. Aun así, dentro de los miles de millones de personas que habitan este planeta, hay muchas que siguen firmes, defendiendo la naturaleza y seres del planeta más allá de intereses personales y cada vez ocupando más espacios desde donde pueden impulsar cambios reales. Quizás no lleguemos a ver el día en que la contaminación por plástico sea solo un recuerdo, pero ya es significativo estar presentes en este momento en que el trabajo interdisciplinario e internacional para lograrlo, por fin, está tomando forma.



