Por Komal Dadlani, Bioquímica, CEO y co-fundadora de Lab4U
En un mundo donde la Inteligencia Artificial es parte de nuestras vidas, este 11 de febrero, Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, es mucho más que una fecha conmemorativa. Hoy, la ciencia y la tecnología no son nichos especializados, sino la base sobre la cual se están redefiniendo las economías y los trabajos del futuro. En este escenario queda obsoleta la pregunta de si necesitamos más mujeres en STEM (¡obviamente sí!), y el verdadero enfoque debería estar en qué costo tendrá, para países como Chile, no lograrlo a tiempo.
Por una parte, hay razones para sentirnos optimistas. En los últimos años hemos visto avances concretos gracias a políticas públicas y alianzas público-privadas que buscan ampliar el acceso de las mujeres a carreras científicas y tecnológicas. Estas iniciativas muestran que cuando existe voluntad, coordinación y foco, los cambios son posibles. Sin embargo, también dejan en evidencia que el ritmo aún no es suficiente frente a la magnitud del desafío que impone la transformación digital y la irrupción de la inteligencia artificial.
En este sentido, son importantes las iniciativas focalizadas como el programa Más Mujeres Científicas (+MC), creado en 2024 por el Mineduc con el objetivo de potenciar la participación de mujeres en carreras relacionadas con la ciencia, la tecnología, la ingeniería y la matemática (STEM). Para el proceso de admisión 2026 se abrieron 3.358 cupos +MC, 522 vacantes más que el año anterior, cuando se ofrecieron 2.836 cupos, lo que equivale a un aumento del 18,4%.
En enero pasado, 1.807 mujeres fueron seleccionadas a través de vacantes +MC en carreras de Ciencias Básicas y Tecnología, lo que permitió que creciera la representación femenina en estas áreas desde un 31,7% a un 32,1%, confirmando el impacto positivo de esta política en la reducción de brechas de género en disciplinas históricamente masculinizadas. Y si bien los resultados van al alza, aún tenemos una tarea pendiente considerando que los cupos utilizados fueron un 53,8% del total disponible.
El sector educativo, corporativo y filantrópico también comenzó a asumir un rol más activo, entendiendo que la brecha de género en STEM es una limitante para la innovación y el desarrollo futuro. Aquí destaca INACAP, que a fines de 2023 creó el Programa Mujeres STEM, que contempla el acceso a becas del 50% de arancel para más mujeres se matriculen en estas carreras y del 100% para 100 beneficiarias de programas de Sernameg. Desde su lanzamiento, cada vez más jóvenes han ingresado a diferentes áreas como Técnico en Automatización y Robótica, Técnico en Medioambiente y Sustentabilidad, Técnico en Climatización y Refrigeración y Analista Programadora.
El alto interés se ha visto reflejado en el actual proceso de Admisión 2026. Actualmente, 844 mujeres se han matriculado con la Beca Mujeres STEM, un 7% más que en la Admisión 2025 a la misma fecha. Además, en 2025 en total 203 mujeres se convirtieron en la primera generación de egresadas del programa. Otro dato relevante es que el año pasado, el porcentaje de mujeres en las carreras STEM de INACAP subió de 11% a 15%, superando la media de participación femenina en programas STEM del sistema de educación superior.
Otra iniciativa relevante es la “Beca Luksic: más mujeres en STEM”, que desde 2024 entrega apoyo económico a mujeres que estudian carreras técnicas relacionadas a STEM para que puedan tener una oportuna titulación y desarrollarse personal y laboralmente. A la fecha, ya se suman 300 estudiantes becadas en instituciones de educación superior técnica.
También Escondida BHP, con su programa STEM+Género, busca desarrollar habilidades STEM en liceos de Antofagasta, promoviendo el enfoque de género en las niñas de primero a cuarto medio, donde se ha visto cómo los profesores han cambiado la forma en que enseñan ciencias en sus clases, aumentando el interés de las niñas por las STEM.
Estos avances importan y deben ser reconocidos, pero también nos obligan a ser honestos: no basta. Chile no puede retrasarse en un contexto donde la ciencia, los datos y la inteligencia artificial están redefiniendo las ventajas competitivas de los países. Para eso, necesitamos inspirar a más niñas desde edades tempranas, despertar su curiosidad, mostrarles que la ciencia no es un espacio ajeno ni inaccesible, sino un territorio donde pueden explorar, crear y aportar soluciones a los grandes desafíos del siglo XXI.
Hoy más que nunca, la ciencia necesita recuperar su sentido profundo. Formar capital humano para una economía más productiva es clave, pero lo es más cultivar la curiosidad, el pensamiento crítico y la capacidad de asombro que nos hace humanos. En una era donde las máquinas analizan, predicen y optimizan, nuestro valor diferencial estará en la capacidad de hacer preguntas nuevas, conectar disciplinas y actuar con propósito. Ahí, la diversidad, y en particular la participación de mujeres en STEM, es una condición esencial.
Conmemorar este día es una oportunidad para mirar a las niñas y jóvenes como protagonistas del desarrollo del país. Inspirarlas a acercarse a la ciencia es apostar por un Chile capaz de enfrentar la incertidumbre con más talento, más humanidad y más sentido. El futuro que estamos construyendo con tecnología también debe ser un futuro donde todas y todos tengan un lugar para florecer.



