“Nos Compostamos Bien II” trabajará con 600 organizaciones territoriales y 200 establecimientos educacionales, en una inversión superior a los mil millones de pesos.
Lo que hoy termina en la basura podría convertirse en abono para un jardín comunitario. Esa es la premisa detrás de “Nos Compostamos Bien II”, la nueva etapa del programa del Gobierno Regional de Santiago ejecutado junto a Geociclos, que busca escalar el compostaje comunitario en la Región Metropolitana a través de 800 composteras distribuidas entre juntas de vecinos, clubes de adulto mayor, iglesias y establecimientos educacionales.
El gobernador Claudio Orrego destacó los resultados de la primera fase como base para este nuevo salto: en esa etapa se entregaron 7.000 kits individuales en las 52 comunas de la región, evitando que cerca de 4.400 toneladas de residuos orgánicos al año llegaran a rellenos sanitarios. Ese volumen se tradujo en 728 toneladas de compost o humus, y en la reducción de más de 2.700 toneladas de CO₂ equivalente anuales. Además, los hogares participantes reportaron una disminución cercana al 38% en su generación de residuos domésticos.
“Lo que buscamos es claro: que miles de personas transformen sus residuos en un recurso útil para la naturaleza y sus comunidades”, señaló Orrego al presentar la iniciativa.
La segunda etapa amplía el alcance hacia el modelo comunitario. El programa contempla la entrega de kits de compostaje, herramientas, capacitación técnica y seguimiento en terreno para asegurar el correcto uso de los equipos. A esto se suman campañas de sensibilización y material educativo orientados a fortalecer una cultura más consciente sobre los residuos.
Andrea Arriagada, jefa de proyecto y socia fundadora de Geociclos, subrayó el doble impacto de la iniciativa: “No solamente estamos contribuyendo a la sustentabilidad ambiental de la región, sino que también al fortalecimiento del tejido social de todas las comunas”. Arriagada añadió que el compostaje comunitario permite descomprimir los rellenos sanitarios, reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y generar compost como insumo productivo.
El contexto lo hace urgente: en Chile, los residuos orgánicos representan una fracción significativa de la basura domiciliaria, pero actualmente solo cerca del 1% se valoriza. Cuando estos materiales terminan en rellenos sanitarios, producen metano, uno de los gases de efecto invernadero más potentes. Promover el compostaje aparece entonces no solo como una acción de gestión de residuos, sino como una respuesta concreta frente al cambio climático.
Las organizaciones interesadas en postular a una de las 800 composteras comunitarias disponibles pueden hacerlo a través del Gobierno Regional de Santiago.



