Por Susan Díaz, directora de Comunicaciones e Incidencia de WWF Chile y coordinadora de La Hora del Planeta.
Hay gestos que parecen pequeños hasta que se repiten cientos de veces: apagar una luz, tomar una decisión cotidiana, hacer una pausa. En tiempos de grandes desafíos, esos gestos adquieren un nuevo sentido: se transforman en una forma concreta de compromiso.
Este sábado 28 de marzo, entre 20.30 y 21.30 horas, millones de personas participarán en una nueva edición de la Hora del Planeta, impulsada por WWF. Desde su origen en Sídney, en 2007, esta iniciativa se ha convertido en la mayor acción ambiental a nivel global. Sin embargo, su valor no radica solo en la magnitud de la convocatoria, sino en su mensaje: el cambio comienza por uno mismo, desde lo que hacemos a diario.
Vivimos una paradoja evidente. Sabemos que estamos exigiendo al planeta más de lo que puede sostener. La pérdida de biodiversidad, la degradación de ecosistemas y el debilitamiento de los equilibrios naturales son señales claras. Aun así, la urgencia ambiental muchas veces queda relegada frente a otras prioridades, diluyéndose en debates y discusiones que tardan en llegar a decisiones concretas.
Frente a este escenario, la Hora del Planeta propone ir más allá de un gesto simbólico. Apagar la luz es también encender preguntas: ¿Qué estamos dispuestos a hacer después? ¿Cómo transformamos una acción puntual en un hábito permanente?
En Chile, este año la campaña se articula en torno a una idea tan simple como poderosa: “El Papel de la Naturaleza”. Como el papel en el origami, la naturaleza es frágil, pero representa múltiples posibilidades. A través de pequeños cambios, como pliegues en nuestras rutinas y decisiones, es posible construir algo distinto. Así emergen, simbólicamente, figuras como pumas, ballenas jorobadas, ranitas de Darwin o pingüinos de Humboldt, especies que dependen de ecosistemas sanos para sobrevivir.
Porque la naturaleza también funciona así: como una trama delicada de interdependencias. Cuando uno de sus pliegues se rompe, ya sea un bosque degradado o un océano sobreexplotado, toda la figura comienza a perder sentido. Y cuando insistimos en estirar ese papel más allá de sus límites, termina por rasgarse.
En ese contexto, apagar la luz durante una hora se entiende como un punto de partida. Como un momento de calma necesaria para observar, conocer y comprometerse. Como un recordatorio de que las grandes transformaciones suelen comenzar con un acto simple.
La Hora del Planeta ha logrado, a lo largo de los años, convocar a personas, comunidades, instituciones, empresas y gobiernos. Pero, sobre todo, ha sostenido una idea: que la acción individual, cuando se multiplica, tiene el poder de incidir.
Hoy, cuando el ruido puede hacernos creer que la naturaleza pierde espacio en las grandes decisiones, esa idea cobra más relevancia. Porque si algo no ha cambiado es esto: la salud del planeta sigue siendo la base de todo lo demás.
En momentos de reales crisis ambientales, aún podemos decidir cómo habitamos el mundo, cómo reducimos nuestra huella, cuidamos los ambientes naturales que están a nuestra mano y hablamos de estos temas en nuestras familias y comunidades.
Podemos, en definitiva, seguir doblando el papel. Y en ese gesto, paciente y colectivo, empezar a darle forma a un mejor futuro posible.
Infórmate y súmate a esta Hora del Planeta en lahoradelplaneta.cl



