Por Enrique Peralta, Gerente General de Coactiva
En Chile, la basura desaparece todos los días. Los camiones la recogen, los contenedores se vacían y las ciudades siguen funcionando. Pero lo cierto es que los residuos no desaparecen: se entierran.
Durante décadas, el país ha gestionado sus desechos con una lógica simple: llevarlos a un relleno sanitario y depositarlos bajo tierra. Este modelo permitió superar los antiguos vertederos informales y mejorar estándares sanitarios. Fue un avance relevante. Pero hoy comienza a mostrar señales claras de agotamiento.
La presión sobre los sistemas de disposición final crece rápidamente. Según datos de la Estrategia Nacional de Residuos Sólidos Municipales, en Chile existen 103 sitios de disposición final, pero solo 34 corresponden a rellenos sanitarios con estándares ambientales adecuados. Aun así, estas instalaciones reciben cerca del 86% de los residuos domiciliarios del país.
El problema es que la generación de basura sigue aumentando. Entre 2015 y 2021 los residuos domiciliarios crecieron cerca de un 25%, alcanzando hoy del orden de 8 millones de toneladas anuales. Esa tendencia ha ido presionando progresivamente la capacidad de los rellenos existentes
Hoy cerca del 19% de los residuos del país se deposita en rellenos sanitarios cuya vida útil ya está vencida, mientras otro 21% llega a instalaciones que cuentan con menos de cinco años de operación proyectada. En la práctica, casi el 40% de la basura que generamos enfrenta presión por capacidad limitada.
Cuando un relleno sanitario se acerca a su límite, aumentan los costos logísticos, se intensifican los impactos ambientales y crecen las tensiones con las comunidades cercanas. Además, desarrollar nuevas infraestructuras de disposición final puede tardar hasta una década entre estudios, permisos y construcción.
A esto se suma un desafío ambiental relevante. Más de la mitad de los residuos domiciliarios corresponde a materia orgánica que, al degradarse en rellenos sanitarios sin oxígeno, genera metano, uno de los gases de efecto invernadero más potentes. No es casualidad que el sector residuos represente cerca del 7% de las emisiones del país.
Pese a este escenario, Chile sigue dependiendo casi exclusivamente de enterrar sus residuos. Cerca del 95% de la basura domiciliaria termina en rellenos sanitarios o vertederos, mientras menos del 5% se recicla efectivamente.
Por eso, el debate no debería centrarse solo en dónde ubicar el próximo relleno sanitario. La verdadera pregunta es cómo reducimos la cantidad de residuos que llegan a ellos.
Los países que han avanzado en esta materia han apostado por una gestión más moderna de los residuos, basada en reducción, reciclaje y valorización. En particular, muchos residuos industriales o comerciales que no pueden reciclarse técnicamente sí pueden transformarse en combustibles alternativos para procesos productivos intensivos en energía, evitando su disposición final y reduciendo el uso de combustibles fósiles.
En esa línea, hoy ya existen experiencias concretas en Chile. Coactiva, filial de Polpaico Soluciones, gestiona residuos industriales no reciclables transformándolos en combustibles alternativos que reemplazan parcialmente combustibles fósiles en la producción de cemento. Así, el residuo deja de ser un problema que se entierra y pasa a ser parte de la solución, reduciendo emisiones y aportando a una infraestructura más sostenible.
La presión que hoy enfrentan los rellenos sanitarios es una señal clara: el modelo basado casi exclusivamente en enterrar basura está llegando a su límite. Avanzar hacia una economía circular no es solo un objetivo ambiental. Es, cada vez más, una necesidad país.



