Por Luz María García, gerenta general de la Asociación Chilena de Empresas de Tecnologías de Información (ACTI A.G)
Hablar hoy de transformación digital en Chile exige una mirada de largo plazo, no solo por la velocidad del cambio tecnológico, sino también porque los desafíos que enfrentamos en productividad, seguridad, talento y confianza no se resuelven en un solo ciclo político. Esto porque requieren continuidad, colaboración y una institucionalidad capaz de sostener decisiones estratégicas en el tiempo.
En sus 41 años de historia, ACTI ha sido testigo y parte activa de esa evolución. Desde la masificación de las tecnologías de información hasta la actual adopción de inteligencia artificial, datos y automatización, la industria tecnológica ha acompañado (y muchas veces anticipado), los cambios que hoy inciden en la competitividad del país. Esa trayectoria permite afirmar que la transformación digital va mucho más allá de un proyecto puntual: es un proceso permanente que requiere gobernanza y visión estratégica.
Como país hemos avanzado en conectividad, digitalización de servicios y adopción tecnológica en empresas, pero aún persisten brechas estructurales que condicionan el impacto real de estos avances, y la principal es el capital humano. Sin talento digital suficiente y actualizado, ninguna estrategia tecnológica es sostenible. A esto se suma la ciberseguridad, que dejó de ser un asunto técnico y se transformó en una condición básica de funcionamiento del Estado, las empresas y los servicios esenciales.
Las cifras refuerzan esta urgencia. El Global Cybersecurity Outlook 2025 del World Economic Forum señala que el 54% de las organizaciones a nivel global identifica la escasez de talento especializado como una de las principales barreras para alcanzar una ciber-resiliencia efectiva. Y es que el dato es revelador y evidente: la seguridad digital y el desarrollo de personas son desafíos inseparables.
Mirando a 2026, el foco debe estar en fortalecer tres pilares: continuidad de las políticas digitales, formación sistemática de talento y una aproximación integral a la ciber resiliencia. Esto implica indicadores compartidos, estándares claros, colaboración público-privada y una regulación que habilite la innovación con responsabilidad.
La experiencia de estas cuatro décadas del gremio demuestra que cuando Chile alinea visión, capacidades y confianza, avanza, y el desafío ahora es sostener ese rumbo. La transformación digital no admite pausas, y el futuro se construye con decisiones consistentes hoy.



