En un nuevo episodio del podcast Socialmente, María José Naudon, decana de la Escuela de Gobierno de la Universidad Adolfo Ibáñez, reflexiona sobre los desafíos de la sociedad civil para incidir en políticas públicas, fortalecer la confianza y reconstruir vínculos en un contexto de fragmentación social y desconfianza institucional.
En un contexto marcado por la desconfianza, la fragmentación social y los desafíos que enfrenta la democracia, la sociedad civil se posiciona como un actor clave para articular soluciones, reconstruir vínculos y contribuir al bien común. Esa reflexión fue el eje central del más reciente capítulo del podcast Socialmente, espacio impulsado por la Comunidad de Organizaciones Solidarias junto a Diario Sustentable, que en esta ocasión contó con la participación de María José Naudon, abogada, académica y decana de la Escuela de Gobierno de la Universidad Adolfo Ibáñez.
La conversación, conducida por Hans Rosenkranz, director ejecutivo de la Comunidad de Organizaciones Solidarias, abordó el rol que cumplen hoy las organizaciones de la sociedad civil en la incidencia pública, la generación de confianza y el fortalecimiento de la democracia, más allá de una mirada asistencial o caritativa.
Sociedad civil como pilar democrático
Desde una perspectiva conceptual, Naudon planteó que la sociedad civil debe ser entendida como parte de la institucionalidad democrática y no únicamente como una expresión de filantropía o buena voluntad individual. “La solidaridad orientada al bien común forma parte de la estructura democrática de un país. No se trata solo de generosidad, sino de un rol institucional que articula actores, provee bienes y colabora con el Estado”, señaló.
En ese marco, identificó tres condiciones fundamentales para que las organizaciones logren una incidencia efectiva: claridad estratégica sobre dónde y cómo quieren incidir; capacidad técnica para diseñar soluciones viables; y una fuerte capacidad de articulación entre actores diversos.
Confianza, legitimidad y ética
Uno de los ejes más profundos de la conversación fue la relación entre confianza, legitimidad y conducta ética, especialmente en un contexto donde la confianza en las instituciones se encuentra debilitada. Dodón fue enfática en señalar que la legitimidad se construye a partir de resultados concretos, comportamientos éticos y transparencia.
“La confianza hoy está muy vinculada a lo tangible. Cuando se prometen cosas que no se cumplen, se abre la puerta a la desconfianza. Y cuando se rompen los marcos éticos, se rompe también la legitimidad”, afirmó. En ese sentido, diferenció entre errores propios de los procesos de aprendizaje y prácticas inaceptables como la corrupción, subrayando la necesidad de fortalecer el pensamiento crítico para evitar generalizaciones que dañan al conjunto del ecosistema.
Articulación, academia y alianzas
El diálogo también puso el foco en la necesidad de articular capacidades entre sociedad civil, academia, empresas y Estado. Desde su experiencia académica, Dodón destacó el rol que pueden cumplir las universidades como puentes entre el conocimiento, la investigación y los problemas reales del país.
“Hoy ningún problema complejo se resuelve desde una sola mirada. Necesitamos observar la realidad de manera articulada, integrando distintas capacidades y experiencias”, explicó, advirtiendo sobre el riesgo de que la investigación académica quede desconectada de los desafíos concretos de las comunidades.
Nuevos desafíos sociales y reconstrucción de vínculos
La conversación avanzó hacia los desafíos sociales emergentes en un país que ha extendido su esperanza de vida, pero que enfrenta nuevas problemáticas como la soledad, la fragmentación comunitaria y la pérdida de redes. En ese contexto, la sociedad civil aparece como un espacio clave para generar pertenencia, acompañamiento y cohesión social.
“La vida de los otros también es, en parte, nuestra responsabilidad. Construir comunidad no es una cuestión ideológica, es una condición básica para el bienestar y el desarrollo”, sostuvo Dodón, destacando el valor de las organizaciones como espacios donde las personas dejan de sentirse solas y vuelven a formar parte de algo colectivo.
Incidir, visibilizar e impactar
Hacia el cierre, la académica propuso una distinción clave para el trabajo de las organizaciones: visibilizar, incidir e impactar. Mientras la visibilidad permite instalar temas en la agenda, la incidencia busca mover la conversación pública y la toma de decisiones, y el impacto exige medir resultados concretos.
“Fe y convicción son fundamentales, pero también lo es medir lo que hacemos. La confianza se fortalece cuando podemos mostrar que nuestros esfuerzos generan cambios reales”, concluyó.
El episodio deja una invitación clara: fortalecer la sociedad civil no solo como respuesta a la pobreza o a crisis puntuales, sino como un componente estructural de una democracia que necesita reconstruir confianzas, vínculos y sentido de comunidad en un Chile cada vez más diverso y desafiante.



