En un sistema educativo que no siempre logra adaptarse a los distintos ritmos de aprendizaje, aprender a leer puede convertirse en un desafío mayor para niños y niñas que enfrentan diagnósticos como déficit atencional, dificultades específicas del aprendizaje o trastornos del lenguaje. Frente a esta realidad, Fundación AraucaníAprende dio un paso significativo hacia una educación más inclusiva, impulsando durante 2025 el Programa Rescate Lector para la Integración Escolar, una iniciativa que permitió que estudiantes con Necesidades Educativas Especiales Transitorias (NEET) alcanzaran la lectura, incluso más allá de los pronósticos iniciales.
El programa, ejecutado en modalidad online en la Región de La Araucanía, fue financiado por Fundación Angelini, CMPC, además de donaciones de personas y empresas que confiaron en su efectividad tras los resultados obtenidos en su pilotaje 2023–2024, período en el que la fundación logró enseñar a leer a 422 estudiantes. En su versión 2025, el impacto fue aún mayor: el 99% de los niños y niñas participantes aprendió a leer, demostrando que el diagnóstico no es una barrera, sino un punto de partida.
“Este programa representa un avance significativo en nuestro compromiso por ampliar la oferta de apoyo escolar. Se trata de un desafío mayor, que nos lleva a un territorio más complejo y exigente, pero también más justo: garantizar que todos los niños, sin excepción, puedan aprender a leer”, señaló Carlos Dreves, director ejecutivo de Fundación AraucaníAprende.
Diagnóstico y personalización: la base del aprendizaje
El Programa Rescate Lector PIE fue diseñado para estudiantes que, con el acompañamiento adecuado, pueden progresar en sus aprendizajes. Para ello, se implementó un modelo de tutorías online personalizadas, con tres sesiones semanales de 30 minutos por estudiante, convirtiendo a cada niño en el centro de una clase especialmente planificada según sus necesidades.
Un elemento clave del proceso fue el levantamiento previo de los diagnósticos, entregados por establecimientos educacionales y familias. Esta información permitió diseñar intervenciones pedagógicas ajustadas al estilo y ritmo de aprendizaje de cada estudiante. “Los diagnósticos nos indicaron el camino que debíamos transitar, no como una etiqueta, sino respetando las particularidades de cada alumno”, explicó Maricela Melipil, psicopedagoga y coordinadora del programa.
El trabajo técnico fue desarrollado por un equipo multidisciplinario compuesto por psicopedagogas, psicólogos y fonoaudiólogos, quienes acompañaron de forma remota a estudiantes de 51 establecimientos educacionales de La Araucanía. Gracias a este enfoque especializado, se logró una planificación precisa de las sesiones y una aplicación efectiva de estrategias educativas, reflejadas en los resultados alcanzados.
Familias como aliadas del proceso lector
El programa incorporó activamente a las familias en el proceso de aprendizaje. Durante las tutorías, madres y apoderadas acompañaron a los estudiantes y, al finalizar cada sesión, recibieron orientaciones prácticas para reforzar la lectura en el hogar. Este acompañamiento fue clave no solo para consolidar aprendizajes, sino también para entregar contención y apoyo emocional.
“Es fundamental contar con una red de apoyo familiar que impulse el proceso lector. Explicamos a las familias su rol, los avances del niño y cómo podían reforzar lo aprendido en casa, siempre considerando las posibilidades de cada hogar”, comentó Diego Gómez, psicólogo del programa.
Para muchas familias, el Rescate Lector PIE significó un antes y un después. “Antes me sentía muy sola en el aprendizaje de mi hija. Trataba de ayudarla, pero no sabía cómo. La fundación me mostró que ser diferente no es malo y que no todos aprendemos igual. Fue un gran apoyo”, relató Marta Sepúlveda, apoderada participante del programa.
Educación inclusiva con impacto social
Más allá de enseñar a leer, el programa fortaleció la autoestima, motivación y confianza de niños y niñas que, por años, enfrentaron barreras en su proceso educativo. El enfoque integrador, que considera al estudiante, su familia y su contexto, permitió avanzar hacia una educación más justa, donde las dificultades de aprendizaje no limitan, sino que impulsan la búsqueda de nuevas soluciones.



