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Con un impulso a la industrialización es posible aumentar la productividad de la construcción

Con un impulso a la industrialización es posible aumentar la productividad de la construcción

Industrialización e integración temprana de actores disminuyen costos y aumentan productividad del sector.

La industrialización es más que una tendencia, sino que una necesidad del rubro de la construcción. Casos en Chile muestran que en edificación en altura, incorporando tecnologías y elementos o recintos prefabricados, es posible alcanzar hasta un 30% de ahorro en generación de escombros, 29% de ahorro en costos de reparación y aumentos de hasta un 40% en la velocidad promedio de la obra gruesa.

A ello se suma un 23% de ahorro en costos de entrega, aseo, y acarreo, así como una reducción de 26 a 6% de las observaciones en recintos que fueron prefabricados versus haberlos ejecutado en forma tradicional, cifras que fueron entregadas en el 3er Seminario Internacional de Construcción Industrializada, que este año puso el foco en la importancia de la integración temprana de actores y fue organizado por el Consejo de Construcción Industrializada (CCI), Construye2025, programa impulsado por Corfo, y la Cámara Chilena de la Construcción.

Por ello, a través de su presidente Patricio Donoso, desde la Cámara Chilena de la Construcción dicen estar convencidos de que la construcción industrializada es “un motor principal y un factor estratégico en materia de eficiencia, calidad, seguridad y sustentabilidad”.

Y es que en una industria en la que la productividad lleva más de 20 años estancada, se vuelve relevante encontrar nuevos formas de impulsar la actividad y lograr mejores resultados. “Según Clapes UC, la menor productividad que ha tenido nuestro rubro versus el resto de los sectores de la economía ha generado en promedio pérdidas anuales al PIB nacional del 1,5% entre los años 1996 y 2016”, señala Francisca Cruz, presidenta del CCI.

Las razones son diversas y algunos especialistas apuntan a los diseños de procesos desintegrados, puesto que el rubro es altamente fragmentado, presenta baja incorporación de prefabricados, baja estandarización de procesos y un escaso nivel de innovación y digitalización. “Dado el contexto actual en que cada vez es más escasa la mano de obra calificada, al mismo tiempo que es más relevante tener certezas en los plazos entregados de término de los proyectos, sumado a que se demandan altos estándares de calidad, se hace imperioso que como industria seamos capaces de dar un salto en materia de productividad, y para eso creemos firmemente que la industrialización de la construcción es clave para lograr ese objetivo”, considera Cruz.

Los casos desarrollados en el mundo y en Chile, que fueron presentados en este seminario dan cuenta de que es el camino correcto, puesto que han presentado resultados sobresalientes en cuanto a la reducción de horas/hombre, menor tiempo de construcción y menor costo directo de fabricación de la obra gruesa.

Con la industrialización, “se logra estandarizar procesos, aplicar modelos de producción seriada, trasladar la mayor cantidad de partidas desde una obra a una fábrica, donde el ambiente es más controlado, por lo que es menos variable. Al disminuir la desviación se logra levantar datos, generar patrones de comportamiento y generar predictibilidad, lo cual se logra para tomar decisiones oportunas. Cada vez es más relevante el uso de la información y serán las empresas que puedan generarla y usarla correctamente los protagonistas del mañana”, añade la presidenta del CCI.

Por el contrario, “la mala calidad de un mal sistema constructivo tradicional es tres o cuatro veces más caro de lo que debería ser”, consigna José María Benito, representante de la Asociación Nacional de la Industria del Prefabricado de Hormigón (Andece) de España y uno de los tres invitados internacionales de este seminario.

El impulso que falta

A juicio de Benito, en los países sísmicos del área del Pacífico, como Chile, hay una tendencia a dudar de la industrialización debido a las conexiones. Sin embargo, “en el último terremoto potente que hubo en Chile, en 2010, los sistemas prefabricados funcionaron muy bien, al igual que los que se construyeron in situ metálicos”, plantea el español, y añade que también hay normas que complican mucho el uso de la industrialización.

“La industrialización es un elemento que es desarrollo, vanguardia, innovación y las normas generalmente suelen ser bastante lentas y nos encontramos en países, en los cuales hace 20 años el prefabricado de hormigón se ignoraba, porque no era una solución constructiva que podía resistir terremotos y, por tanto, hubo que cambiar un poco esas normas, convencer, conversar, para que de alguna manera la normativa no impida el desarrollo industrializado de la construcción o no lo ralentice, que eso al final es un problema importante”, asegura José María Benito.

Asimismo, es necesario entender que “la industrialización no es prefabricación”, según explica Boris Naranjo, gerente de Xpande Consultores, sino que “es el flujo continuo de las actividades operativas de construcción y eso tiene un objetivo relacionado con aumentar la rentabilidad, o sea el beneficio, pero no solo el económico, y disminuir la variabilidad”.

De esta manera, el objetivo general de la industrialización es “el aumento de la competitividad de las empresas, menores costos, plazos certeros y una mayor productividad”, sostiene Naranjo.

Por otra parte, se hace imperativo el impulso del Estado, puesto que “el sector público es el mandante más importante que tenemos, da cuenta de alrededor de un tercio de lo que se construye en el país”, afirma Marcos Brito, gerente de Construye2025.

Frente a ello, Erwin Navarrete, jefe de la División Técnica de Estudios y Fomento Habitacional (Ditec) del Ministerio de Vivienda y Urbanismo (Minvu), planteó que a nivel nacional existe un fuerte déficit habitacional de cerca de 400.000 viviendas, al que también se suma la falta de calidad de esas viviendas. Entonces, “este es un tema que va avanzando muy rápido y llegó para quedarse”, de acuerdo con Navarrete, por lo que “si llevamos la industrialización al ámbito de la construcción y a vivienda social, el déficit bajaría considerablemente y en muy poco tiempo. Podríamos dar un golpe de timón todos los que estamos acá que somos parte de la cadena de valor, en lo que es déficit habitacional a nivel nacional”.

Integración temprana de actores

Esta tercera versión del Seminario Internacional de Construcción Industrializada contó con la presencia de otros dos invitados extranjeros: Lucas Waldmann, gerente de Diseño Urbano del Gobierno de Buenos Aires, quien explicó el proyecto Villa 31, Barrio YPF – Vivienda y urbanismo social contemporáneo como elementos de integración, que contó con financiamiento del Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), y Nils Larsson, Executive Director Intl. Initiative for a Sustainable Built Environment.

Larsson abordó los desafíos para el desarrollo de proyectos sustentables y aseguró que «los proyectos convencionales cambian durante su desarrollo, por eso es importante que todos los actores estén integrados desde el primer momento».

Coincidiendo con el especialista en construcción sustentable, Francisca Cruz afirma que “para que esto funcione, es clave vincular la cadena de valor completa: el diseño, la planificación, la prefabricación, el montaje desde etapa temprana de los proyectos, de tal forma que se capturen todos los beneficios de la industrialización”.

En ese sentido, es crucial contar con la experiencia y coordinación temprana de proveedores, especialistas, subcontratistas, constructoras, inmobiliarias, proyectistas, desde la concepción de los proyectos. “No integrarlos hipoteca, sin lugar a dudas, la optimización de los procesos y hace inviable industrializar, puesto que todo ajuste en etapa de diseño puede tener un altísimo impacto en el potencial de optimización de un proyecto de edificación. Y el costo de esas decisiones tomadas en etapa de diseño es despreciable, lo cual no es lo mismo cuando ya estamos en ejecución”, concluye Cruz.

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