Desafíos de la Merluza Chilena

Desafíos de la Merluza Chilena

Por Valesca Montes, coordinadora de Pesquerías Sustentables de WWF Chile

En muchos ámbitos Chile es un país de contrastes y uno de los que no deja de llamar la atención es el bajo consumo de pescado, a pesar de sus 4 mil kilómetros de costa, que lo ubican entre los países de mayor extensión costera, y de la gran variedad de especies pesqueras disponibles. Aun así, apenas consumimos 13 kilos anuales, muy por debajo de los 20 kilos del promedio mundial, y sólo un 9,2% de los chilenos come dos veces a la semana pescado o mariscos, según cifras del Ministerio de Salud.

Esta situación, que conlleva efectos alimentarios, económicos y, por cierto, de salud, se proyecta que podría cambiar en los próximos años, dado que en su reporte sobre el Estado Mundial de la Pesca y la Acuicultura 2018 (SOFIA, por sus siglas en inglés), la FAO proyecta al 2030 un incremento del consumo de pescado en Latinoamérica del orden del 33%. También se visualiza un incremento de 24,2% en la producción de pescado, pasando de 12,9 millones a 16 millones de toneladas.

Del otro lado de la moneda, el mismo informe muestra que el porcentaje de pesquerías sobreexplotadas continúa creciendo a nivel global, con un tercio de ellas clasificadas en estado de sobreexplotación, lo que hace una década llegaba a una cuarta parte. En 1974, año base para este informe, solo el 10% de las poblaciones evaluadas se encontraba en esta condición.

Los datos son alarmantes y nos llaman a redoblar los esfuerzos para avanzar en la recuperación de las pesquerías y en un manejo sustentable de éstas, tema que en nuestro país es incluso más crítico, ya que según los datos oficiales, el 61% de las pesquerías chilenas están en estado de sobreexplotación o colapso. Esto, sin considerar que hay una serie de pesquerías que no están contempladas como comercialmente importantes, donde los niveles de información son escasos o nulos.

Sin duda, estamos ante un desafío que compromete la seguridad alimentaria del país y del cual como organización de conservación hemos querido llamar la atención impulsando el Día de la Merluza Chilena, el pasado 14 de octubre. Con esta celebración, que integra a pescadores artesanales y también a Sernapesca, buscamos que la gente se informe sobre la problemática que afecta a esta pesquería. Y también, que reconozca a la merluza común o pescada como un recurso netamente chileno, muy relevante en términos alimentarios, culturales y económico-sociales, ya que representa el sustento de casi 10 mil pescadores y sus familias, además de los trabajadores del sector industrial, como tripulantes y operarios de plantas de proceso.

El caso de esta pesquería, actualmente sobreexplotada, es paradigmático en relación  a los esfuerzos que deben realizarse para que pueda convertirse en una pesquería sustentable. Es un recurso que, dada su importancia y la dependencia que de ella tienen miles de pescadores, debe ser explotado con base en criterios científicos para poder recuperarse, lo que debería implicar medidas más drásticas, tales como la ampliación de su veda biológica de uno a dos meses. Hoy la veda solo se aplica durante septiembre, momento de su peak reproductivo, que sin embargo se extiende también al mes de octubre. Claramente una decisión como ésta debería ir acompañada de una plataforma social, que vaya más allá de los bonos o de sistemas de subvenciones a la larga “perversos”, que permita a los pescadores artesanales hacer frente a una medida de conservación como ésta. Para ello es indispensable que a la brevedad se conforme el Instituto de Desarrollo Sustentable para la Pesca Artesanal, el cual fue creado el año pasado y que tiene como principal objetivo abordar los problemas que aquejan al sector artesanal.

Adicionalmente, también se deben reforzar los esfuerzos para avanzar en la implementación del Plan de Manejo y Programa de Recuperación de esta pesquería y, de fondo, llegar a una nueva Ley de Pesca legitimada por todos los actores y que garantice un desarrollo sustentable de la actividad en el país.

En esta línea, se debe incorporar seriamente una mirada de largo plazo para reducir la sobrepesca, lo que conlleva invertir más en el funcionamiento de los comité científico técnicos y ampliar sus facultades más allá de sólo determinar las cuotas. Es crucial, también, que pasemos a la acción en el combate a la pesca ilegal y contar con un marco legal adecuado, para esto último es indispensable la aprobación del proyecto de modernización del Sernapesca.

En paralelo a todas estas brechas que tienen que cubrirse, los comerciantes y consumidores deben asumir un rol activo en la protección de los recursos pesqueros, lo cual es la motivación final tras el Día de la Merluza Chilena. Porque la idea no es dejar de consumirla, sino que hacerlo de manera informada y responsable.

 

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