El auge de la nueva economía y el cambio de consciencia

La discusión sobre cómo el mundo de las empresas deben responder hoy ya se ha dado. Para muchos es una obviedad que el modelo necesita reinventarse y atender asuntos más allá del valor financiero. Nuevos modelos han surgido con el fin reorientar el propósito de las empresas ampliando su espectro a lo social y medio ambiental. Pero ojo, aunque son varias, la competencia por el mejor modelo económico no está en su ADN.

“Para mi son todas pequeñas partes de un sistema nuevo al cual hay que apuntar”, argumenta Anita Rivera, ‎Jefa de Proyectos Sistemas Alimentarios Sustentables de Regenerativa. Éste espectro de nuevas economías nacen con un mismo propósito: cambiar el paradigma económico tradicional de explotación por uno sostenible donde los intereses ciudadanos y el respeto por el medio ambiente sea tan importante como la generación de capital.

Cuando hablamos de economía, lo entendemos como la acumulación de riqueza, la explotación del medio ambiente y la competencia. Sin embargo, en la historia ha existido una confusión. Economía (Oikonomía) significa cuidado de la casa, administración a diferencia de la palabra crematística (del griego khrema) que Aristóteles define como el arte de enriquecerse. El Austriaco Christian Felber, propulsor de la Economía del Bien Común, argumenta que “los crematísticos han usurpado sus valores (de la economía) para sus fines opuestos”.

La nueva economía

La Economía del Bien Común es definida por Juan Claudio Leiva, representante de la Economía del Bien Común en Chile, como “un sistema donde prima la colaboración y el enfoque hacia el bien común”, esto tanto para empresas, Estado y organizaciones. Es evaluado a través de la Matriz del Bien Común que mide el comportamiento de las empresas con todos sus stakeholders incorporando la solidaridad, sostenibilidad ecológica, justicia social, participación democrática y transparencia.

Otro modelo que ha cobrado fuerza en Chile es “Empresas B”. Éste tiene su auge en Estados Unidos con las B Corp donde se redefinió el sentido de éxito de las empresas. “Hay una exigencia por parte del mercado y los accionistas que asuman cada día mas responsabilidad sobre los impactos que mantienen en la sociedad y el medio ambiente”, asegura Leonardo Maldonado, Director Ejecutivo Sistema B Chile.

En noviembre del año pasado en marco de actividades del FiiS vino Gunter Pauli a exponer el concepto Blue Economy. Anita Rivera junto a otras personas les hizo sentido la innovación por la que apuesta. Anita explica “la economía azul plantea que debe haber una modificación desde el punto de vista de patrones de producción emulando los sistemas naturales e integrar estos sistemas a la producción de forma no destructiva”.

Otro de los movimientos que ha surgido a nivel mundial es el Capitalismo Consciente. Raj Sisodia expuso en su última visita a Chile la necesidad de que el capitalismo de hoy responda a las necesidades del medio ambiente y la sociedad. “La dignidad de las personas debe estar al centro”, sentenció el académico.

Durante la guerra de Vietnam, un grupo de personas se percatan que a través de su dinero están financiando la misma guerra contra la que protestan. Acá surge el concepto de Banca Ética, movimiento que busca que el dinero de las personas financie actividades a favor de la sociedad y medio ambiente. En Chile, en abril de 2016 se fundó Doble Impacto, prototipo de banca ética que “busca conectar a personas con capacidad de préstamos con empresas y fundaciones con impacto positivo”, declara Raimundo Meneses, coordinador general de Doble Impacto.

Otro concepto que ha tomado fuerza en el nuevo modelo es el de economía circular, el cual a diferencia del modelo lineal, busca reducir y reutilizar los residuos en los procesos de producción generando los menos desechos posible.

¿Cómo convergen las nuevas economías?

Como se puede apreciar, todos nacen en respuesta a una misma problemática: deterioro del medio ambiente y enriquecimiento de las empresas a cualquier costo. Leonardo de Sistema B comenta “hay una serie de variables que hace pensar que a la civilización humana le ha ido bien y hemos mejorado muchos indicadores, pero al planeta no le ha ido bien”.

Para Anita, propulsora de la economía azul en Chile, “el tema de las etiquetas creo que le hacen un desfavor a las nuevas economías, todas debiesen estar apuntando a lo mismo que es cambiar el sistema económico lineal”. No es la única que piensa lo mismo. Estos modelos, con sutiles diferencias, tienen un trabajo en común. El pensamiento crítico ha empujando un cambio de paradigma.

En este sentido, estos movimientos buscan generar sinergia entre el trabajo que cada uno realiza. Tomás Lambertini, co fundador de Doble Impacto, sostiene que estos movimientos están “totalmente alineados”. Por ejemplo, la Banca Ética en Chile surge de una alianza de organizaciones como la Economía del Bien Común, el Comercio Justo y Sistema B, entre otros.

El espíritu de colaboración está presente en la linea de trabajo de cada uno entendiendo la necesidad de crear fuerza para este nuevo paradigma. Juan Leiva es enfático al determinar que estos modelos “tienen muchos elementos en común y esos son los que tenemos que dar fuerza para poder trabajar en conjunto”. Palabras no alejadas del pensamiento de Leonardo Maldonado “con la gran mayoría estamos apuntando hacia un mismo lado, por tanto lo que estamos buscando es sinergia permanente”. Anita Rivera recalca que estos modelos de la nueva economía “tienen que converger hacia empujar ese cambio de paradigma del esquema más estructural de la economía que todavía sigue funcionando”.

El pensamiento crítico para el nuevo paradigma

Como todo cambio requiere de un nuevo modelo de pensar para comenzar a ejecutar acciones.En Chile, desde la academia, la nueva economía no es tema recurrente en las mallas curriculares. Leonardo sostiene que “para los jóvenes es la obviedad misma”. El cuestionamiento hacia la forma en que las empresas, el Estado y la sociedad es cada vez más latente.

Existen pequeñas incursiones en algunas universidades por invitar a expositores sobre nueva economía y algunos post grados en la materia, pero aún el debate no se plantea. “Hay interés de profesores que en algún momento se de una cátedra del bien común. Hay interés, pero no está implantada”, manifiesta Juan. En esta linea, Anita manifiesta “en la academia falta; hay charlas pero falta integrar éste conocimiento”.

La construcción de masa crítica es imprescindible para apuntar al cambio de paradigma que necesita de profesionales capacitados en la tarea. Desde Sistema B cuentan con el programa Academia B, el cual invita a académicos a conocer este modelo a implementar. “Lo interesante de Academia B es construir un marco teórico y encontrar casos de estudio”, argumenta su director ejecutivo.

También la necesidad de formar consumidores conscientes a la hora de adquirir servicios y productos es otra tarea a enfrentar. Sin embargo, desde ésta área quienes están en la nueva economía son más optimistas. “En el mudo es favorable por el cambio de consciencia en lo cultural, social y ambiental”, sostiene Raimundo de Doble Impacto.

En Europa los estudios indican que las personas a la hora de adquirir un producto sí consideran factores como la huella de carbono, explotación infantil, etc. En Chile aún estamos lejos de eso, pero ya hay un incipiente grupo que adquiere productos más allá de lo monetario. “Una ciudadanía más consciente implica un mercado más consciente”, declara Leonardo.

Para Tomás Lambertini, uno de los desafíos de Doble Impacto es “generar consciencia y un movimiento de personas que conozcan el modelo de Banca Ética y que lo solicite”. Anita también piensa en la necesidad de educar a la ciudadanía para que se inserte en el mundo de la nueva economía. “Los consumidores están ávidos de que hayan nuevas alternativas y productos, pero la gente es cómoda y cosas como ir a reciclar (que debería hacer todo el mundo) no lo hacen”, cuestiona.

Por ello el cambio de paradigma implica un cambio de consciencia y cultura tanto para el mundo empresarial como cultural de la población, donde el valor esté relacionado con el impacto positivo en el medio ambiente y la sociedad. Pensar sólo en lo monetario es cosa del pasado.